El racismo: cuando la Justicia no puede ser ciega

Por Ariel A. Pérez

Nota:  Este artículo fue publicado en dos partes en la revista Vida Feliz, en Buenos Aires, Argentina.

(Leer la primera parte)

Segunda parte

Qué es y qué no es la Acción Afirmativa

En el artículo anterior vimos cómo el racismo en los EE.UU. había sido definido como un problema moral individual, reducido al nivel de lo que los blancos “piensan” sobre los negros, y no definido en términos de relación con las acciones del gobierno, su aplicación de justicia, y su apoyo implícito a las estructuras socioeconómicas racistas del país. Sin embargo, la aplicación de este último concepto por tres décadas no ha hecho más que crear una sensación de que el problema de la discriminación contra las minorías y las mujeres ya debería estar resuelto, y que por lo tanto leyes como la Acción Afirmativa (—AA— que tienen el objetivo de resolver el problema de las disparidades raciales y la discriminación), sean atacadas por ser “preferenciales” para las minorías y “discriminatorias” contra los blancos.

Cuando la excepción es la regla

    El juicio que un hombre blanco le hizo a la Universidad del Estado de Illinois por emplear casi exclusivamente a mujeres y minorías raciales para su servicio de custodia y limpieza de la universidad, y otros similares, han sido altamente publicitado por los medios de comunicación como la nueva tendencia discriminatoria. Una y otra vez, los hombres blancos aparecen en las noticias como las víctimas de leyes preferenciales que les cierran las puertas a los blancos, a pesar de que ellos están más y mejor capacitados para ocupar las vacantes laborales. Y entonces ocurre que la repetición constante de una mentira se convierte en verdad, o por lo menos muchos se la creen: los medios han pretendido convertir la excepción en la regla. Y de súbito, todo aquello que se aplicaba a las minorías raciales y a las mujeres, hoy se “aplica” a los hombres blancos, quienes, para “terminar con el círculo vicioso del racismo”, reclaman el fin de la AA y la vigencia de una sociedad basada en “los méritos” de cada persona.

¿Qué es Acción Afirmativa?

    AA es un término general usado en una variedad de programas federales, estatales y privados que tienen el objetivo de alcanzar una diversidad racial y sexual representativa de la sociedad en el trabajo y la educación. Sin embargo, a juzgar por la retórica conservadora, es un sistema de cupos (quotas, en inglés) que desplazan a los más calificados (hombres blancos) para dar lugar a los menos calificados (minorías raciales y mujeres). En rigor de verdad, los cupos son ilegales desde 1978 según lo estableció la Corte Suprema en el caso conocido como “Bakke”. Sin embargo, muchos periodistas no se molestan en hacer la distinción correspondiente y distorsionan sus informes refiriéndose a AA como un sistema de cupos.

    Lo mismo sucede cuando se hace referencia a AA como un programa que da “preferencias raciales”. Este término sugiere que AA promueve a un/os grupo/s racial/es sobre otros sin considerar la capacitación de aquellos para desempeñar la función. La existencia de situaciones irregulares en este sentido no son más que quebrantos de la ley, las que, a pesar de todo, no se comparan con la gran cantidad de casos comprobados en los que solicitantes calificados de trabajos y contratos privados y estatales han sido rechazados por pertenecer a algún grupo racial minoritario.

Los sentimientos de los hombres blancos

    En los medios de comunicación la discusión se ha planteado desde la perspectiva del “sentimiento” que los hombres blancos tienen al respecto, más que de un análisis de las actitudes racistas aún predominantes y vigentes en el sistema económico y social. He aquí algunos datos relevantes: En un estudio conducido en 1991, el Urban Institute encontró que de entre quienes buscaban trabajo, los hombres blancos tenían un 50% más de posibilidades de ser empleados que los hombres negros con cualidades similares para el trabajo. Un estudio realizado por FAIR el mismo año encontró que la mayoría de los blancos todavía tienen estereotipos negativos de los negros. Otros ejemplos se pueden ver en juicios recientes contra la cadena de restaurantes Denny’s por negarse a servir comidas a negros, o el juicio contra un banco de Washington DC que denegaba sistemáticamente préstamos hipotecarios en vecindarios poblados por minorías raciales.

    De más está decir que la discriminación no va a disminuir mientras la composición de los niveles gerenciales más altos de las grandes corporaciones norteamericanas continúen como hasta el presente: el 97% de ellos son hombres blancos. Y esto se refleja en la forma como los trabajadores son compensados salarialmente: Los hombres negros ganan un promedio del 74% de lo que gana un hombre blanco por hacer el mismo trabajo; las mujeres blancas ganan un 70.8%; las mujeres negras un 63.7%; y los hombres y las mujeres latinas ganan un 64% y un 53.9% respectivamente.

Una sociedad basada en los méritos

    Si treinta años después de la instauración de la Acción Afirmativa, con leyes que deberían proteger a las minorías y a las mujeres contra la discriminación, y promover la igualdad y la integración racial y social, todavía subiste semejante disparidad e injusticia, ¿qué se puede esperar de la sociedad que se viene, que promueve una “sociedad basada en los méritos” de sus miembros para acceder a los campos laborales, del estudio y del crédito para comprar y producir? ¿A los méritos de qué tipo se estarán refiriendo quienes sostienen esta posición? ¿Tal vez a los “méritos” de ser hombre y blanco?
 


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Last modified: October 1997