A la escuela con nuestros hijos 

Por Ariel A. Pérez 

¿Cuándo fue la última vez que fue a la escuela para "dar una mano" en el aula o en el patio, arreglar algún objeto roto u opinar sobre qué y cómo se enseña? 

    En los Estados Unidos, el tema de la educación es siempre un tema candente. Desde el punto de vista de los norteamericanos, la educación es una prerrogativa de los padres, no del estado ni de la maestra. En las escuelas públicas, esto se hace a través de representantes barriales elegidos democráticamente durante las elecciones generales para servir en la Comisión de Educación del distrito escolar local. Las escuelas privadas tienen sus mecanismos propios y particulares de cada organización. 

Un poco de historia  

    Pero esto no fue siempre así. Por décadas las comisiones de educación de pueblos y ciudades estuvieron en manos de grupos personas que se caracterizaban por ser conservadores, blancos, cristianos y racistas. El sistema de educación excluía los intereses de las minorías, e imponía los valores de aquéllos sobre los demás: Segregación &emdash;separación entre los blancos y los negros&emdash;, oraciones cristianas obligatorias cada día y en ceremonias oficiales, mejor financiamiento de las escuelas de los blancos que la de los negros, entre otras características. 

    Con la llegada del movimiento de los derechos civiles en la década del 60, los liberales tomaron el control de las comisiones de educación. Este factor, más una serie de fallos de la Corte Suprema, trajeron a la educación la integración racial, la prohibición de actividades religiosas en las escuelas públicas, y un espíritu más democrático y secular al ámbito educativo. Treinta años después, el péndulo se está inclinando nuevamente hacia la derecha cristiana conservadora. 

    Aprovechando el descontento de la clase media por la situación económica en general y el declinante estado de la educación en particular, los conservadores han echado mano de los medios de comunicación para mover la opinión pública hacia la derecha. Discursos y actitudes racistas impensables hace apenas un par años se dejan escuchar en todos los medios y situaciones imaginables. Llamados a "cristianizar" la educación y el gobierno son cada vez más populares. 

Escuelas alternativas  

    Ante esta situación general sumada a la actitud participativa de un gran número de padres en la educación de sus hijos, el Gobierno Federal ha adoptado hace años, y promueve activamente en la actualidad, una gran variedad de "escuelas alternativas". Dos de ellas son especialmente interesante: la denominada "escuela de hogar", y la "escuela cooperativa". 

    En la primera, como el nombre lo dice, el chico estudia en su casa. En esta escuela muy popular en los últimos años, la maestra es generalmente la madre, quien le enseña todas las materias escolares a sus hijos. Hay una gran variedad de libros de texto y organizaciones de apoyo con actividades de todo tipo que son de gran ayuda. Todo lo que un padre debe hacer si quiere realizar esta tarea, siempre y cuando tenga el tiempo y la energía, es registrarse como una "escuela de hogar". 

    Las escuelas cooperativas son un fenómeno más reciente. En ellas, los padres también tienen una participación directa y activa: Forman parte de la comisión directiva, contratan a los maestros y al personal administrativo, determinan el programa de estudios, participan activamente en el aula como ayudantes de la maestra una vez por semana, y hacen trabajos de apoyo y mantenimiento de la escuela, tanto financieramente como prácticamente. 

    En las escuelas cooperativas las aulas están más llenas de lo normal, pero no por una "sobrecarga" de alumnos, sino porque hay un adulto por cada 4 ó 5 estudiantes. Los padres siguen las instrucciones de la maestra para guiar el trabajo en pequeños grupos y atender directamente las necesidades de cada alumno. Fuera del aula, todos tienen sus responsabilidades: desde la supervisión de las actividades durante los recreos, hasta una limpieza general cada seis meses. 

Una experiencia personal  

    Volviendo a la pregunta inicial de esta columna, si alguien me la preguntara a mí, diría que fue antes del inicio del año escolar, cuando corté el césped, barrí las veredas y junté hojas hasta que me dolieron los brazos. También he participado en varias reuniones del comité de educación bilingüe, y mi esposa ha dedicado dos mañanas por semana para colaborar con la educación de nuestras dos hijas en sus respectivas aulas de clase. Para nosotros es una gran satisfacción poder participar en el proceso educativo de nuestras hijas, saber qué están aprendiendo, conocer de cerca a sus compañeros de grado y a sus padres, y verlas crecer y desarrollarse física, mental y espiritualmente cada día. 

    Y Ud., ¿cuándo fue la última vez que fue a la escuela con su hijo...? 

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Last modified: March 1997