Pasan 380.000 años, el universo sigue en expansión, la materia y la radiación
interactúan fuertemente por medio de fuerzas electromagnéticas que hacen que
la luz sea dispersada por los electrones.
Esto quiere decir que la radiación
(fotones) sufre muchas colisiones que no le permiten la libre propagación.
Situados en un lado del universo en esta época no prodríamos ver que estaba
sucediendo al otro lado del universo por que la radiación no se propagaba
libremente. Era como estar inmerso en la neblina.
Aun no existen los átomos, las altas temperaturas no permiten que los núcleos
de hidrógeno y helio existentes atrapen electrónes para formar átomos neutros.
Para formar
átomos es necesario contar con
electrones
libres de baja energía que puedan ser atraídos por la
fuerza electromagnética
del núcleo.
Al comienzo, la temperatura es muy alta y no se pueden formar átomos.
En estas condiciones, si un átomo llegara a formarse
inmediatamente se destruiría debido al excesivo número de colisiones energéticas
entre las
partículas.
Un evento importante
sucede a los 380.000 años de edad del universo: la temperatura baja a 3.000 grados
Kelvin, suficientemente baja para permitir la formación de átomos neutros.
Antes de la formación de átomos neutros la luz no podía viajar libremente de un extremo a otro
del universo, por el contrario, los electrones libres formaban un medio difuso y opaco para la luz, como
una nube densa. Cuando los electrones libres son absorbidos por los átomos recien formados el medio
cambia repentinamente de difuso a transparente para la radiación. Se origina así un fondo cosmológico de
radiación (o radiación cósmica de fondo).