Nuestra Galaxia,
La Vía Láctea,
es el laboratorio
cósmico más completo e importante del que disponemos.
El conocimiento que tenemos sobre
el universo,
en gran parte se
debe a los estudios que se han realizado sobre la Galaxia. Igualmente
podemos afirmar que los
grandes enigmas del cosmos
podrán
ser resueltos con base en observaciones de la Galaxia en que vivimos.
Solo hasta hace 100 años comenzaba a emerger la visión
moderna del cosmos. Para esa época ya se habían
observado
supernovas,
el
sistema solar
ya era una vecindad conocida
y un concepto domesticado, el catalogo de Messier era conocido,
la espectroscopia estelar de Fraunhofer comenzaba a usarse y la
determinación de distancias
a estrellas
por el método
de paralaje comienza a revelar la dimensión real del espacio-tiempo.
A pesar de contar con los elementos fundamentales a partir de
los cuales se construye
el modelo actual del universo,
todavía
existían muchas dudas sobre su génesis, composición
y estructura.
Hace 100 años no sabíamos qué tan grande
era la Galaxia, no sabíamos si el universo se extendía
más allá del espacio ocupado por ésta, ni
se conocía su origen y dinámica. Hoy no existe una
teoría que explique satisfactoriamente
la formación de las galaxias
y de la estructura del universo a gran escala.
El estudio de la Galaxia, sin embargo, promete seguir siendo un
campo fértil donde seguramente encontraremos muchas respuestas
a esos grandes enigmas cósmicos.
DE GALILEO A HUBBLE
Mirando al cielo en una noche despejada y en lejanías de
la polución de luz característica de una ciudad
moderna se puede apreciar, como lo hicieron los griegos, que el
cielo nocturno está atravesado por una banda clara de carácter
nebuloso. De ahí el nombre
La Vía Láctea,
(la
palabra galaxia deriva del griego y significa "círculo
lácteo"). Fue Galileo en 1610 el primero en poder
comprobar, gracias al telescopio, que el "círculo
lácteo" está formado por una cantidad innumerable
de
estrellas
agrupadas en cúmulos.
Con el subsecuente mejoramiento de los telescopios se lograron identificar regiones del cielo que presentaban la apariencia de nubes, pero que debido a la limitación de los instrumentos, no había sido posible distinguir la presencia de estrellas en esas regiones. A estos objetos se les llamó nebulosas espirales.
Aunque la evidencia de un universo constituido por
galaxias no apareció sino hasta las observaciones de William
Herschel en 1790, ya se había sugerido la posibilidad de
encontrar galaxias fuera de la nuestra. Este primer modelo galáctico
fue elaborado en 1755 por el filósofo Immanuel Kant, quien
inspirado por un trabajo previo del inglés Thomas Wright,
tuvo la osadía de proponer una visión anti-Aristotélica
del mundo. Según Kant, las
estrellas
se agruparían
en formaciones parecidas a un gran disco. El
Sol,
sería
una más de ese gran conglomerado y nosotros por estar metidos
en el disco de
estrellas
solo tenemos acceso a una visión
de perfil, lo cual explicaría la banda o "círculo
lácteo". Kant también sugirió la posibilidad
de la existencia de otros mundos de
estrellas
más allá
del nuestro y los llamó "universos isla". Incluso
llegó a sugerir que las nebulosas espirales no eran otra
cosa que galaxias como la nuestra a distancias muy grandes.
Una visión donde se contemplaba un universo lleno de otros
mundos como el nuestro también había sido sugerida
en 1584 por Giordano Bruno, pero esta propuesta herética
junto con otras afirmaciones igualmente reprobables para la mentalidad
inquisitiva de la Iglesia (como decir que las
estrellas
son soles)
le costaron la vida. La Iglesia condenó a Giordano Bruno
y lo mandó a quemar vivo el 17 de febrero de 1600 en la
plaza Campo di Fiori de Roma.
El 26 de abril de l920 ocurrió un famoso debate sobre el
"tamaño del Universo" en la sede del Museo Nacional
de Historia Natural en Washington, D.C. en el cual se confrontaron
las hipótesis sobre la posible existencia de "universos
isla". Los conferencistas fueron el doctor Harlow Shapley,
en ese entonces un astrónomo del Observatorio de Mount
Wilson y el doctor Heber D. Curtis, astrónomo del observatorio
de Lick. Los dos investigadores habían sido reconocidos
por su importante trabajo sobre la distribución de las
estrellas
en la La Vía Láctea,
pero las conclusiones
a las que llegaron fueron totalmente diferentes. Mientras que
para Shapley, las nebulosas espirales eran nubes de gas interestelar
en nuestra Galaxia, para Curtis eran sistemas de
estrellas
muy lejanos, externos a la
La Vía Láctea.
El perfeccionamiento del telescopio y la construcción de espejos cada vez más grandes permitieron obtener evidencia directa sobre la naturaleza de las nebulosas espirales. A finales del siglo XIX William Herschel y William Parsons lograron resolver las imágenes de las nebulosas en estrellas similares a las de nuestra propia Galaxia. La demostración definitiva de que las nebulosas espirales son efectivamente galaxias como la nuestra, solo se pudo dar después del desarrollo de la espectroscopia a comienzos del siglo XX.
En 1914 Vesto Slipher
pudo demostrar que las galaxias espirales presentan un movimiento
de rotación. Este hecho se pudo determinar debido al
efecto Doppler
de
la luz,
que se manifiesta como corrimientos de las
líneas del espectro por efecto de la velocidad de la fuente
de radiación. Usando este mismo principio y midiendo el
brillo
de las
estrellas
en otras
galaxias
el astrónomo
norteamericano Edwin Hubble en 1923 pudo resolver definitivamente
el problema de la naturaleza de las nebulosas y demostrar que
existe una cantidad innumerable de galaxias más allá
de nuestra propia Galaxia.
LA VÍA LÁCTEA
Una breve contabilidad de los
elementos que forman el universo
revela que está hecho primordialmente de hidrógeno
y helio concentrado en las nubes y
estrellas
que lo pueblan. Por
la acción de la gravedad las
estrellas
se agrupan en formaciones
de miles de millones de ellas, que vienen a ser las galaxias;
y viendo el universo a gran escala, las galaxias serían
los átomos a partir de los cuales se construye el universo.
Nuestra Galaxia, está formada por 100 mil millones
de estrellas
como el Sol,
y tiene una forma de espiral en rotación.
Vista desde fuera tendría una forma muy similar a la de
nuestra vecina Andrómeda. El diámetro
de la La Vía Láctea
es de 90 mil
años-luz
(es
decir la luz tomaría 90 mil años en viajar de un
extremo a otro de la Galaxia a una velocidad de 300 mil kilómetros
por segundo), mientras que su espesor es de solo 6500 años-luz.
El Sol,
es apenas una estrella más de este conglomerado
relegada a una posición para nada privilegiada a una distancia
de 28 mil años-luz del centro de la Galaxia. En general
las estrellas
en la Galaxia giran en torno al centro galáctico
con una velocidad que depende de su distancia al centro. Para
el caso del Sol,
ésta es de 220 kilómetros por segundo.
Lo cual significa que durante los 10 mil millones de años
de edad de la Galaxia, el
Sol,
ya ha completado más de 30
vueltas alrededor del centro de la Galaxia. La rotación
de la Galaxia y su forma espiral se pudo determinar observando
el corrimiento por
efecto Doppler
en las líneas del
espectro
de emisión del hidrógeno neutro ("línea
de longitud de onda de 21 cm"). Esta radiación característica
es producida
cuando el electrón en el estado base de energía
del
átomo
de hidrógeno sufre una transición
en la cual su spin cambia de alineación con respecto al
spin del protón en el núcleo.
Además del disco galáctico compuesto por
estrellas
jóvenes y nubes de gas, existen cúmulos formados
por las estrellas
más viejas dispuestos en forma simétrica
alrededor de la Galaxia. Algunas de las edades de estos
"cúmulos globulares"
pueden entrar en conflicto con
la edad del universo.
Con los datos mencionados queda muy claro que no somos centro de nada. El paradigma Copernicano se vuelve a repetir una y otra vez. Cuando Copérnico nos destronó de la posición central en el cosmos colocando la Tierra en una órbita desprotegida alrededor del Sol, se le asignaron a éste atributos especiales colocándolo en el centro de nuestro sistema y así se convirtió en una estrella privilegiada, 'nuestra' estrella, el centro del universo.
Luego vino Shapley
y sacó el
Sol,
del centro de la Galaxia, heredando ésta
el rol de centro del universo. Aparecen Einstein y los cosmólogos
modernos y nos dicen que la Galaxia no es centro de nada sino
un punto perdido en el
espacio-tiempo.
Hablamos entonces de 'nuestro'
universo como el único y especial. Viene entonces Stephen
Hawking y nos habla de la posibilidad de universos 'baby' que
saltan del vacío como pop-corn. La lección Copernicana
es dura de aprender.
La Galaxia no solamente está constituida por estrellas ya que una pequeña fracción (2%) de la materia observable de la Galaxia existe en forma de polvo y nubes de gas de hidrógeno concentrado en el disco galáctico. Es importantísimo saber la cantidad de materia y su distribución en la Galaxia, ya que este factor es el que determina su dinámica, el mecanismo que le dio origen, y juega un importante papel en la formación de nuevas estrellas. La astrónoma norteamericana Vera Rubin del observatorio del Instituto Carnegie de Washington D.C., encontró que a medida que se observan estrellas de la Galaxia más alejadas del centro, sus velocidades de rotación en torno al centro de la Galaxia no varían según la forma esperada por la teoría Newtoniana de la gravedad.
Para explicar este fenómeno se hace
necesario introducir un halo de materia en forma de nubes que
proveen al sistema galáctico con suficiente atracción
gravitacional para que las
estrellas
no 'salgan por la tangente'
debido a su gran velocidad de rotación. No toda la masa
de gas necesaria para resolver este problema dinámico de
la Galaxia se ha observado directamente. Los astrofísicos
se refieren a la porción de materia no observada como
'materia oscura'.
EL PROYECTO GEM
Hasta hace pocos años la mayor parte de la información
sobre el universo provenía de telescopios ópticos.
Sin embargo, estos instrumentos son sensibles a una pequeñísima
fracción del espectro electromagnético. Así
como un telescopio recoge la luz emitida por las
estrellas, es
posible diseñar instrumentos sensibles a
señales electromagnéticas
que pertenecen a otras regiones del
espectro electromagnético.
Así fue como Karl G. Jansky en
1931 construye el primer radio-telescopio: un instrumento sensible
a las ondas de radio. Las observaciones astronómicas
con radio-telescopios tienen la ventaja de poder penetrar las
regiones del cielo ocultas a telescopios ópticos por el
gas interestelar.
Observar la Galaxia desde la región del espectro electromagnético
correspondiente a las ondas de radio tiene un gran potencial científico.
Por esta razón se originó el proyecto GEM (del inglés
Galactic Emision Maps) que es una colaboración internacional
formada por George Smoot y Giovanni De Amici del Laboratorio Lawrence
de Berkeley (Estados Unidos), Sergio Torres del
Centro Internacional de Física
- CIF (Colombia), Thyrso Villela del INPE (Brasil), Rafael Rebolo
del Instituto Astronómico de las Canarias (España)
y Marco Bersanelli del CNR (Italia).
Para la observación
de la Galaxia con el proyecto GEM se usa un radio-telescopio sensible
a varias frecuencias (408, 1465, 2300 y 5000 MHz). El radio-telescopio
fue instalado en Colombia durante el período Enero-Junio 1995,
en el área de Sutamarchan cerca de Villa de
Leyva. La combinación de atributos geográficos
y climáticos hace de esta región un sitio de particular
interés para la radio-astronomía. La posición
ecuatorial y la presencia de picos superiores a los 2000 metros
permiten hacer observaciones astronómicas de los hemisferios
norte y sur simultáneamente. El clima seco de la región,
por lo menos durante los meses de verano, permite hacer observaciones
radio-astronómicas de buena calidad debido a la estabilidad
atmosférica y a la claridad de los cielos.
Con los datos obtenidos es posible estimar el
campo magnético galactico y simultaneamente estudiar la
distribución de
rayos cósmicos
en la Galaxia, lo
cual es esencial para el estudio de la
génesis y evolución de sistemas galácticos.
Igualmente, con la combinación
de los datos a las distintas frecuencias se podrá obtener
el espectro de la emisión galáctica y así
discriminar entre los posibles mecanismos que producen la radiación
galáctica a longitudes de onda larga.
La instrumentación del proyecto GEM consiste de un radio-telescopio
con una antena parabólica de 10 metros de diámetro
controlada por computadores para lograr el más eficiente
cubrimiento de la esfera celeste. La señal galáctica
recibida por la antena es detectada y amplificada por receptores
de radio de muy bajo ruido.
LAS ONDAS DE ORIGEN GALACTICO
El proceso fundamental de emisión de radio de la Galaxia se debe a los electrones libres que se mueven a muy alta velocidad en el campo magnético de la Galaxia. Cuando una partícula cargada se mueve con movimiento acelerado en un campo magnético, ésta emite ondas electromagnéticas (radiación de sincrotrón). Controlada en el laboratorio esta emisión puede tener importantes aplicaciones prácticas para la industria y la medicina, por ejemplo en el tratamiento de tumores y en pruebas de resistencia de materiales.
La radiación
sincrotrón tiene la propiedad de ser emitida en forma direccional,
es decir puede ser enfocada a una región específica.
De ahí su potencial para aplicaciones prácticas.
Otro conocido mecanismo de emisión galáctica a longitudes
de onda larga es la radiación térmica característica
de todo cuerpo caliente. Las nubes de hidrógeno en la Galaxia
se calientan por la luz emitida por
estrellas
vecinas y por el
estallido de algunas
estrellas
en su etapa final de vida
(supernova).
El espectro, o distribución de intensidades de la radiación
para cada frecuencia, depende del mecanismo que origina la radiación.
Los datos obtenidos por el proyecto GEM van a suministrar
una determinación muy precisa del espectro de la radiación
galáctica.
|
| Mapa de la emisión galáctica a 408 MHz obtenido por el proyecto GEM en Colombia. La imagen corresponde a la banda del cielo visible desde Villa de Leyva. Los colores indican la intensidad de la señal de radio. |
|
| El mismo mapa (GEM 408 MHz) pero en coordenadas galácticas |
¿EN QUE UNIVERSO VIVIMOS?
El proyecto GEM en Colombia también tiene una importante incidencia en las teorías cosmológicas. La necesidad de un modelo muy preciso de la emisión de radio de la Galaxia se hizo evidente y de carácter urgente después del descubrimiento de anisotropias en la radiación cósmica de fondo por el COBE.
Según las observaciones de la radiación cósmica de fondo, cobra validez el modelo de un universo que tuvo origen en una gran explosión, o Big Bang, hace 15 mil millones de años. Sin embargo, a pesar de que éste modelo hasta el día de hoy es el más coherente y consistente, aún existen dudas por resolver.
Una de ellas
es el problema de la
materia oscura.
Según lo indican los
cálculos teóricos, para que en
el universo
que observamos
pudieran haberse formado
las galaxias
y los grandes cúmulos
de galaxias en tan poco tiempo, era necesario que existiera más
materia que la inferida a partir de la
luz
que llega a nuestros
telescopios. Esta materia "adicional" que no vemos pero
que proporcionaría la atracción gravitatoria suficiente
para formar las meta-estructuras del universo y explicar las curvas
de rotación de las galaxias es la materia oscura del universo.
Teóricamente es posible hacer pruebas de modelos cosmológicos
con materia oscura a partir de los datos de la
radiación cósmica de fondo.
Sin embargo, en la realidad se presenta
un problema práctico que ha bloqueado las observaciones.
Se trata de la emisión galáctica que aparece de
forma automática e inevitable en las observaciones del
universo remoto. Debido a que solo podemos hacer observaciones
desde
nuestro planeta,
la radiación emitida por la Galaxia
se interpone entre el fondo que queremos medir y el observador.
Con un modelo muy preciso de la emisión galáctica,
tal como el que pretendemos hacer con el radio-telescopio GEM,
será posible quitarles a los datos generados por experimentos
de radiación cósmica de fondo aquella parte que
es originada por nuestra Galaxia y así observar el cosmos
en su forma original libre de la contaminación galáctica.
EXPLOSIONES GAMA
Con el desarrollo de detectores de radiación gama y la
posibilidad de detectar materia oscura mediante el efecto de lente
gravitacional se han abierto dos ventanas nuevas al universo.
Mediante observaciones de radiación gama desde plataformas
espaciales se descubrieron fuentes astronómicas que emiten
una cantidad extraordinaria de energía en forma de radiación
gama (las "explosiones gama"). Paralelamente a estos
recientes descubrimientos, se ha podido detectar la presencia
de objetos masivos en el halo de la Galaxia o MACHOS (del inglés
Massive Compact Halo Objects), siguiendo las variaciones en el
brillo de
estrellas
de fondo. Estas dos nuevas ventanas al cosmos
están mostrando aspectos desconocidos de la Galaxia y en
el caso de las explosiones gama se ha generado un gran debate
sobre la naturaleza de estas misteriosas erupciones de energía.
La base de datos de explosiones gama crece a razón de una
explosión gama por día. Los detectores del observatorio
espacial Compton Gama Ray Observatory de la NASA (GRO) siguen
detectando explosiones de energía que en un solo evento
emiten mucha más energía que los miles de millones
de
estrellas
en una galaxia. Las explosiones gama se manifiestan
como intensos pulsos de radiación con duración desde
pocos milisegundos hasta 30 segundos y sus direcciones de procedencia
parecen indicar que éstos eventos se distribuyen uniformemente
en el espacio.
El 22 de abril de 1995 en el mismo auditorio donde Shapley y Curtis
llevaron a cabo el célebre debate, otros dos eminentes
astrónomos se encontraron para confrontar las diferentes
hipótesis acerca de la naturaleza de las misteriosas erupciones
de rayos gama de muy alta energía. Bohdan Paczynski de
la Universidad de Princeton y Donald Lamb de la Universidad de
Chicago expusieron la evidencia experimental disponible acerca
del lugar y la naturaleza de estos eventos. Tal como sucedió
en el debate de 1920, Lamb y Paczynski llegaron a dos conclusiones
totalmente diferentes: para Lamb las explosiones gama son evidencia
de un fenómeno local, mientras que para Paczynski éstas
tienen origen extragaláctico.
El astrofísico Tsvi Piran de la Universidad Hebrea de Jerusalén, explica las explosiones gama como el producto de un choque entre dos estrellas de neutrones en un sistema binario. La mayoría de las estrellas en el universo forman parte de sistemas binarios, es decir se encuentran en pares confinadas por la acción de la gravedad girando una en torno a la otra. Un sistema binario pierde energía lentamente debido a las ondas gravitacionales que emite y como resultado la distancia entre las dos estrellas se reduce hasta el punto de generar un colosal choque entre ellas. Las enormes cantidades de energía liberadas en estos furiosos eventos cósmicos serían las explosiones gama registradas por los detectores del GRO.
Un estudio de la distribución espacial, el brillo y el
espectro de los pulsos gama da peso a la hipótesis según
la cual el origen de estos eventos corresponde a distancias cosmológicas.
Sin embargo, aún existen muchas dudas referentes a la fenomenología
de estos eventos, tanto que Donald Lamb ha expuesto un panorama
verosímil en el que las explosiones gama tienen origen
en nuestra propia Galaxia. Según Lamb, las estrellas de
neutrones en nuestra vecindad se convierten en potentes fuentes
emisoras de rayos gama cuando una porción de materia colisiona
con la estrella. Tal como sucedió en el debate de 1920
entre Shapley y Curtis, es posible que los dos bandos tengan parte
de razón. La respuesta definitiva tendrá que esperar
a las nuevas observaciones que hoy se planean.
MACHOS
Otra fuente de gran potencial para el conocimiento de la Galaxia es el reciente descubrimiento de MACHOS. Ya se mencionó sobre la necesidad de materia oscura, pero ¿cómo detectarla?. Pueden existir, por ejemplo, objetos estelares como el planeta Júpiter que no tienen la masa suficiente para que se de fusión nuclear y se conviertan en estrellas. Estos objetos al no emitir luz propia no pueden ser observados directamente pero cuando uno de ellos se interpone entre un observador en la Tierra y una estrella lejana, el brillo de la estrella en cuestión se amplifica por el efecto de lente gravitacional producido por la presencia de un objeto masivo en la trayectoria de la luz.
En los primeros meses de 1993 tres grupos de astrónomos
ya habían observado la amplificación del brillo
de estrellas
que se esperaba de la presencia de MACHOS. Desde
estas primeras observaciones se han detectado varias otras ocurrencias,
confirmando así la presencia de "materia oscura".
Un aspecto interesante del estudio de MACHOS es que el número
de eventos parece incrementar hacia la dirección del centro
de la Galaxia, indicando que ésta es del tipo espiral-barra.
El avance de la humanidad ha estado estrechamente ligado al reconocimiento
y entendimiento de nuestra posición en el espacio-tiempo.
Profundizar en el conocimiento del cosmos ha sido siempre una
fuente de enriquecimiento para las civilizaciones y la humanidad.
No obstante el incremento acelerado del
conocimiento acerca del cosmos
desde el trabajo de Herschel, el número de incógnitas
sobre el universo es ahora muchísimo mayor que las dudas
de ese entonces. La tarea que nos queda es dura, pero es fascinante
comprobar que el universo es comprensible.
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