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Capítulo
X
* La Marca de la Bestia
Y hacía que a
todos, a los pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos,
se pusiese una marca en su mano derecha, o en sus frentes y que
ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviera la señal, o
el nombre de la bestia, o el
número de su nombre (13:16,17).
Dijimos
que no podemos confundir la marca de la bestia con su número.
Las variadas iglesias protestantes enseñan que el Anticristo
será una persona que se hará rey de todas las naciones europeas.
Como originalmente los países miembros del Mercado Común
Europeo eran diez, ellos enseñaban que eran los diez cuernos de la
bestia. Hoy son 17 los miembros, pero los predicadores insisten en
que son los reinos que se han de unir con la Bestia. Dicen además que este personaje hará una estatua de él y
la pondrá en el nuevo templo de Jerusalén, haciendo que los que no
adoren esa estatua sean muertos.
Ellos toman esto como literal, cuando ya sabemos que la
bestia lleva ya 15 siglos en el
mundo y su imagen es el protestantismo que se ha apartado de la
Palabra de Dios.
Lo
más absurdo de las enseñanzas modernas respecto a la profecía de
Apocalipsis 13 es respecto a la marca de la bestia. Lo que más oímos es que será una marca literal, como la
que hacen a las reses, en la palma de la mano derecha y en la frente.
Aquel que no se deje marcar, será muerto.
Pero la marca es un símbolo que pronto se ha de imponer.
Cuando
explicamos la profecía del capítulo 7, vimos lo que es el sello o
señal de Dios. Es una
institución divina, establecida en el principio de la creación: el séptimo día o Sábado.
Vimos que tenerla en la frente es señal de lealtad a Dios y
en la mano, indicio de evitar los trabajos en el día de reposo. Vimos los textos de Éxodo
31 y Ezequiel 20 donde el Señor habla claramente de su Sábado como
señal entre Él y su pueblo. Entonces,
la señal de la bestia es una institución que rivaliza con el
mandato de Dios: el domingo como día de reposo.
Toda
persona sincera sabe que es inútil hallar en la Santa Palabra de
Dios siquiera un texto que indique la observancia del 1er. día de
la semana. Pero, ¿por
que entonces la inmensa mayoría
de los cristianos
guardan, o
al menos reconocen
el día domingo como el
día de Dios? La
respuesta es sencilla: por la tradición.
La
Iglesia Católica reconoce y hasta se jacta que fue ella la que hizo
el cambio. Más aún,
afirma que los protestantes que observan el domingo lo hacen como un
tributo a ella. El cardenal James Gibbons, arzobispo de Baltimore, a
comienzos del siglo XX, dice en su libro La
Fe de Nuestros Padres, página 89:
“¿No está cada cristiano obligado a santificar el domingo
y abstenerse en ese día de trabajos serviles innecesarios?
¿No es la observancia de esta ley entre las más prominentes
en nuestros deberes sagrados? Pero usted puede leer la Biblia, desde
el Génesis hasta el Apocalipsis, y no hallarán una simple línea
que autorice la observancia del domingo. Las Escrituras indican la observancia del Sábado, día que
jamás santificamos.” (Edición
92, Baltimore: John Murphy Company.)
Para
el siglo 16, justamente después de la rebelión de Lutero, la
Iglesia Católica convocó el Concilio de Trento,
llamado también “La Contrarreforma”.
La gran controversia giraba en torno a la Escritura versus la
Tradición. Había una fuerte facción en le concilio que defendía el
postulado de que la Biblia era más importante y que la Tradición
era secundaria. Cuando
más acalorada estaba la discusión, el arzobispo de Reggio tomó la
palabra: “Los protestantes claman estar establecidos sobre ‘la
Palabra escrita solamente. Ellos profesan mantener la Biblia sola como fundamento de fe.
Ellos justifican su revuelta indicando que la iglesia ha
apostatado de la Palabra escrita y
sigue la tradición. Ahora
los protestantes claman que ellos se fundamentan sobre la Palabra
escrita: ¡No es cierto!
Su profesión de mantener ‘la Escritura sola
como fundamento de fe, es falso.
La prueba: ¡La
Palabra escrita explícitamente indica
la observancia del séptimo día como el Sábado!
¡Ellos no observan el séptimo día, pero lo rechazan!
Si ellos realmente siguen la Escritura sola como su
fundamento, estarían observando el séptimo día como está
establecido a través de la Escritura.”
El argumento del arzobispo fue definitivo.
La facción que insistía en la primacía de la Biblia se
rindió y el concilio votó que la Tradición y la Biblia son
igualmente inspiradas y los
delegados, unánimemente, condenaron el protestantismo y toda la
Reforma.
Hoy
quienes más defienden el domingo son los protestantes.
Son ellos los que están tratando de que la Legislatura
Norteamericana vote en favor de una ley dominical.
Sabemos que a la postre esta ley va a ser impuesta,
primeramente por los E.U. y luego por todas las naciones del mundo.
Esto es lo que indica la profecía.
La “marca” será colocada en cada frente y mano de los
seres humanos. En estos
días la Iglesia Adventista está en todo el mundo enseñando lo que
es el sello del Dios vivo. Miles
de almas sinceras están aceptando el mensaje divino.
Recordemos
que la marca es impuesta por la segunda bestia (EU) y no por el
papado. Hoy pareciera
que esto no va a suceder a causa de la liberación de las leyes
respecto a los días feriados.
Pero nadie se engañe. La
ley dominical está a las puertas.
Pronto, quizás cuando menos se espere, el movimiento en pro
del domingo alcanzará su meta
de hacer este día oficial en la nación. El congreso de los Estados Unidos ha de imponer esta ley,
mediante la cual la nación norteamericana ha de violar su propia
constitución y, sobre todo, la ley del Altísimo.
El
31 de mayo del 1998, el papa envió una carta pastoral a todos los líderes
religiosos, donde hace hincapié en la observancia d el domingo.
La carta, llamada Dies Domini, es
sumamente amplia y da las razones por las cuales el domingo debe
considerarse el día de la Nueva Alianza.
Esta carta ha de influenciar a los líderes católicos de los
Estados Unidos para enfatizar el reposo dominical.
La ley que los norteame- ricanos han de establecer, será ley
mundial, cuando las demás naciones la adopten.
Y la profecía lo dice así.
Este
ha de ser el momento en que la nación americana hará una imagen de
la jerarquía romana y el domingo se convertirá en la marca de la
bestia. Esto traerá
una gran persecución contra los que se nieguen a obedecer el
precepto pagano.
Pero esta ley del estado no podrá acallar las voces de los
siervos de Dios. El mensaje del Sábado ha de ser conocido en todo el mundo.
La ley dominical hará esta obra imprevista por los enemigos
de la verdad. Pero Dios
será ensalzado cuando el mundo vea el despliegue de la obra del Señor.
El Espíritu Santo llenará de poder al Remanente para
concluir en poco tiempo la tarea de llevar el mensaje final de Dios
por todos los rincones del planeta.
El
verso 17 del capítulo 13 dice que, a causa de la marca que será
impuesta, ninguno “pueda comprar y vender”.
Algunos ven en esto un acto literal, que tiene que ver con el
comercio. Esto puede
que suceda, pero yo prefiero verlo como un símbolo profético.
Dios dice: “Yo quiero que de mí compres
oro afinado en fuego…” No
seríamos tan ingenuos de pensar que Dios está vendiendo sus dones. Más bien quiere decir que lo adquiramos de Él.
También se habla de la “mercadería” de “Babilonia” en Apocalipsis 18.
¿Qué venden los
falsos ministros? Su
mensaje de error. Por
lo tanto el comprar y vender
tiene que ver con la predicación del mensaje y con la recepción
del mismo. Lo que
el texto
sugiere es
que vendrá el tiempo cuando a los que tienen el mensaje
final de Dios se les prohibirá enseñarlo (vender)
y por consiguiente, impedir que el pueblo escuche y lo acepte (comprar).
La
profecía indica que al fin del tiempo sólo habrán dos marcas, la
de Dios y la del Anticristo. El
que tome la marca de la bestia ha de sufrir las plagas postreras.
Esté pendiente cuando presentemos la interpretación de los
capítulos “El Mensaje Final” y “Las Siete Plagas Postreras”.
Sigue--
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