EL
APO
CALIPSIS

 

Capítulo V

* El Ángel con el Sello de Dios

Vi también a otro ángel  que subía de donde nace  el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se  les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo:  No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado a los siervos de nuestro Dios en sus frentes (7:2,3).

Ahora podemos ver claramente el significado pleno de los vientos.  Representan las calamidades que sucederán en la tierra en ocasión de las 7 plagas postreras que son descritas en el capítulo 16 de Apocalipsis.

En momentos de juicios especiales, como en  el diluvio,  las plagas de Egipto y la destrucción de Sodoma y Gomorra, Dios siempre ha liberado a los justos.  Antes que  las 7 copas de la ira de Dios sean derramadas sobre nuestro planeta, Dios hará una obra similar para salvar a los santos.  Este ángel representa un movimiento de origen divino que se apresta para sellar a los que habrán de ser salvados de las plagas.

Nadie piense que este sello es literal.  Al igual que “la marca de la bestia”, el “sello del Dios vivo” es una señal simbólica.  Hemos de rastrear en la Biblia para hallar qué es el sello o señal de Dios.

En Génesis 17:11, el Señor dice que la circuncisión sería “la señal del pacto” entre Dios y la descendencia de Abraham.  Haciendo referencia a esto, Pablo dice en Romanos 4:11 que Abraham “recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la fe”.   Luego de repetir los diez mandamientos que Dios promulgó desde la cumbre del Monte Sinaí en el capítulo 5 del libro de Deuteronomio, Moisés dice, en el capítulo 6 y los versos 6 al 8: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón:  Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes:   Y has de atarlas por señal en tu mano y  en la frente, entre tus ojos.”  

Los judíos tomaron las palabras de Moisés en el verso 4 de Deuteronomio 6 en forma literal.  Como comienza con la palabra “oye”, que en hebreo es “Shemá”, ellos llaman así a estos versos y los  escribían  en unas tiras que ponían en su mano derecha o sobre sus frentes, las cuales eran llamadas “filacterias” (Vea Mateo 23:5).  Pero no era eso el mensaje de Dios, sino que estuvieran siempre conscientes de que eran pueblo especial de Dios y que debían comportarse como tal.  Tener la ley de Dios en la frente es señal de lealtad al Todopoderoso, ya que en la frente está el asiento de la inteligencia y la memoria.  Tener el sello en la mano derecha indica que en nuestro trabajo diario hemos de tener en cuenta el hacer la voluntad del Señor.

El cristiano hoy debe comprender que ha sido res- catado por Cristo del Egipto espiritual.  Debe ser un pueblo sellado, marcado.  El mundo ha de ver en el un pueblo diferente, guardador de la ley de Jehová.  Su conducta será tal que el mundo materialista y pecador que le rodea verá en él un pueblo especial, portador de un mensaje salvador.

El mundo cristiano de hoy, dividido en miles de sectas y denominaciones, tiene, en su mayoría, un concepto falso de los diez mandamientos.  Algunos dicen que la ley no tiene que ser obedecida por aquellos que están “bajo la gracia” y que viven bajo “el nuevo Pacto”.  Que ese nuevo pacto trajo una “nueva ley”.  Y, ¿de dónde han sacado ese disparate teológico?  En Jeremías 31 Dios nos habla del pacto nuevo.  Se llama nuevo, porque es hecho con la misma entidad: Israel.  Notemos que dice que Dios hará un nuevo pacto “con la casa de Israel y con la casa de Judá”  (Jeremías 31:31).  En el verso 33, Dios  dice:  “Daré mi ley en sus entrañas y la escribiré en sus corazones”.  Note que Dios dice “mi ley”.   No está hablando de otra ley, sino la misma ley que Él proclamó desde el Sinaí.

Otra doctrina, no menos errada, es la que afirma que Cristo ya guardó la ley y que nosotros no estamos obligados a ella.  Pero, ¿es posible que Dios nos ordene algo que nosotros, por su gracia, no podamos observar?  Imposible.  Nadie puede, con poder inherente en él, guardar la ley de Dios.  Es necesario que dependamos continuamente en Cristo para poder ser obedientes a los preceptos divinos.  Jesús dijo: “Sin mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).  Si no fuera necesario guardar los mandamientos,  ¿por  qué  el mismo Jesús dijo al joven rico que para “entrar en la vida” tenía que observar “los mandamientos”?  A la pregunta del joven : ¿Cuales?, Jesús le mencionó algunos de ellos (Mateo 19:16-19).  

Dios cuenta con un pueblo  que tiene su ley en su corazón (Isaías 51:13).  ¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia la ley del cielo?  “A La ley y al testimonio; si no dijeren conforme a esto es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20). Al describir a los verdaderos adoradores de los últimos días, el Señor dice:  “Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12).

Pero, ¿será posible que haya ministros o predicadores que se llamen cristianos que digan que la introducción de la gracia conceda licencia para quebrantar los mandamientos de Dios?  ¿Es entonces posible que Dios acepte que sus seguidores sean blasfemos, idólatras, fornicarios, ladrones, mentirosos  y  asesinos?  Claro que no.   Pero hay  un mandamiento que molesta a los modernos predicadores: el cuarto, el que ordena observar el santo Sábado.

Dios sabía que habría, en los últimos días, gente que se atrevería a contradecir sus palabras y a menospreciar su ley.  Por eso hizo del Sábado una señal especial.

Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el sábado, porque santo es a vosotros: El que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos.  Seis días se hará obra, mas el séptimo día es sábado de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que hiciere obra el día del sábado morirá ciertamente.  Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó (Éxodo 31:13-17)”.

Hay quien diga que ese pasaje va dirigido a “los hijos de Israel” y no a nosotros.  Pero es que una vez la nación judía rechazó al Mesías, ya dejó de ser pueblo de Dios.  Veamos lo que dice Pedro:  “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (2 Pedro 2:9).  Pedro se está dirigiendo a todos los creyentes sin importar nacionalidad (Lea Efesios 2 y Gálatas 3 y 4).

No sólo en los dos textos  que vimos de Éxodo 31 dice Dios que su Sábado es una señal, sino que en Ezequiel 20: 12 y 20 vuelve a mencionar que el Sábado es la señal entre Él y su pueblo.  En Isaías 56:1-6, el Señor escoge el cuarto de sus diez mandamientos como una prueba a los extranjeros que quieran unirse a su pueblo.  Hoy el Sábado sigue siendo la señal profética.  En medio de un cristianismo confundido por los falsos profetas, Dios tiene un pueblo señalado. Cada Sábado, mientras el llamado mundo cristiano colma los centros comerciales y de diversión, hay un pueblo que, Biblia en mano, camina a sus centros de adoración.

La observancia del Sábado es, según la Santa Palabra de Dios, el “sello del Dios Vivo”.  Esta institución sagrada ha de ser la que distinga a la verdadera iglesia de Cristo en estos últimos días y la que nos protegerá de las plagas postreras. (Para más información sobre el Sábado, le recomiendo mis libros: “El Reposo  de Jehová” y “La verdad Sobre el Día de Reposo”.)

Habrá quien objete esta interpretación, alegando que el sello es el Espíritu Santo, ya que Pablo lo dice así: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención (Efesios 4:30)”.

El Espíritu Santo es el agente sellador.  Es Él el que imprime los principios de la ley de Dios en los corazones de los que aceptan a Cristo.  Él es el sello en el sentido del instrumento que sella.  Pero también se llama sello a la huella o marca que el instrumento deja.  En ese sentido, no hay contradicción al decir que los principios de la ley de Dios, sobre todo el mandamiento del Sábado, constituyen, juntamente con el Espíritu Santo, el sello del Dios Viviente.  Ezequiel 36:27 presenta esta armonía divina en estas palabras de Dios: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu y haré que andéis en mis mandamientos…”.

Dilucidado lo que es el sello de Dios, continuemos con Apocalipsis 7.

 Sigue-- 

 

Índice
Introducción | La Revelación de Jesucristo | Ven, Señor Jesús (Poema) | Las Siete Iglesias
El Santuario | Los Siete Sellos | Él Viene (Poema) | El Sello del Dios Vivo | Sabatista (Poema)
Las Siete Trompetas | El Mensaje del Juicio | Dos Testigos | La Mujer y el Dragón
Sí, Yo soy Adventista (Poema) | El Anticristo | El Mensaje Final | La Gran Ramera | Las Siete Plagas Postreras
El Milenio | La Tierra Nueva | Nuestro Hogar Celestial (Poema) | Apéndice-I | Apéndice-II | Bibliografía