EL APOCALIPSIS

APÉNDICE I

Págs. 36,106:  Edicto de Milán.  El edicto fue firmado por Constantino y Licinio en el 313 DC., con el propósito de conceder libertad de cultos a todos en el imperio.  Veamos esta parte del decreto imperial:  “Para garantizar a ambos, a los cristianos y a todos el escoger libremente de seguir cualquier forma de adorar que deseen, con el intento de que todas las fuerzas divinas y celestiales sean favorables a nosotros y a todos los que vivan bajo nuestra autoridad.”   Tomado de la obra de Eusebio de Cesarea  Historia Eclesiástica,   de la traducción en inglés de J. E. L. Oulton, Tomo 2, página 447.  (Cambridge, Mass. Harvard University Press).  (Traducido del inglés.)

Págs. 38,219:  Edicto de Justiniano.  Este edicto fue dado en el año 533, pero no fue hasta después de la caída de los Ostrogodos en el 538, que se pudo poner en vigor:  “Ordenamos que el más santo papa de la antigua Roma tendrá el más alto rango sobre todos los pontífices, pero el más bendecido arzobispo de Constantinopla, o la Nueva Roma, ha de ocupar el segundo lugar luego de la Santa Sede Apostólica de la antigua Roma, la que tendrá precedencia sobre todas las otras sedes.”  The Civil Law,  traducida por S. P. Scott, Vol. 17, pág 125.  The Central Trust Company, Cincinnati.  (Traducido del inglés.)

Págs. 37,169:  La Inquisición.  “El tercer concilio Laterense (1177), el de Verona (1184) y el cuarto Laterense (1215), atemorizados por el progreso de los albigenses en el sur de Francia, y de los valdenses en la alta Italia, decretaron que los obispos deberían hacer una severa ‘inquisición (o sea, búsqueda) de los herejes en sus respectivas diócesis y excomulgarlos y perseguirlos sin tregua…  Dado que la extirpación de los herejes iba muy lenta, el concilio de Tolosa, en 1229, formuló una severa constitución de cuarenta y cinco artículos, y Gregorio IX nombró a los dominicos “inquisidores de la fe”.  Entonces sucedieron horribles escenas de sangre, y los albigenses fueron masacrados por millares por orden del papa y de Santo Domingo, y los inquisidores fueron apodados Domini canes (perros del Señor).”  Enciclopedia Ilustrada de la Historia de la Iglesia, página 384.  Edición de 1979,  CLIE,  Terrasa, Barcelona, España.

Pág. 45:  Persecución Contra la Biblia.  El papa León XIII, en una de sus encíclicas, prohibió leer la Biblia en lengua que no fuera en latín.  “Si según se ha mostrado claramente por la experiencia, que si la Santa Biblia en el vernáculo es generalmente permitida sin distinción alguna, se causaría más daño que utilidad debido a la temeridad humana:  todas las versiones en el idioma vernáculo, aun las católicas, están todas prohibidas, a menos que sean aprobadas por la Santa Sede, o publicadas, bajo el cuidado vigilante de los obispos, con anotaciones tomadas de los Padres de la Iglesia y escritores católicos eruditos.”   León XIII,  Constituciones Apostólicas,  25 de enero del 1897.  Tomada del libro: The Great Encyclical Letters of Pope Leo XIII. New York: Benziger (1903), Págs. 412, 413.  (Traducido del inglés.)

Pág. 73:  Azazel.  Este nombre aparece únicamente en Levítico 16.  Se ha pretendido compararlo con Cristo, pero esto va contra el contexto y contra los conceptos que tenían los Judíos sobre este personaje.  El texto dice que el macho cabrío era “enviado a Azazel”; o sea, él no es Azazel.  Podemos entenderse que Azazel habita en el desierto, lugar que se asocia a Satanás.  Veamos esta cita del  libro pseudoepigráfico de 1 de Enoc, capítulo 54 y versos 4 y 5:  “¿Para quién son preparadas estas cadenas de prisión?  Y él me dijo:  Estas están preparadas para los ejércitos de Azazel, para que sean tomados y echados en el abismo de completa condenación, como lo ha ordenado el Señor de los Espíritus…”  The Old Testament Pseudoepigrapha, volume one, edited by James H. Charlesworth, Duke University. Doubleday & Company, Inc., Garden City, New York.  (Traducido del inglés.)

Autoridades Judías dicen que, en el día de las expiaciones, el macho cabrío escogido para Azazel “era enviado al desierto y lanzado a un precipicio.  En fuentes apócrifas y midráshicas,… es variadamente representado como un ángel caído, o un archi-demonio, la personificación de la impureza.”  The Standard Jewish Encyclopedia,  Garden City, New York.  Doubleday & Company, Inc.  (Traducido del inglés.)

Pág. 86:  Respecto a la fecha del Edicto de Artajerjes, el erudito argentino Daniel Hammerly Dupuy nos da el siguiente dato:  “Gracias a la famosa cronología de los reyes de la antigüedad preparada por el astrónomo Ptolomeo, que confirma las fechas que marcan la duración del gobierno de numerosos monarcas, relacionándolas con diversos eclipses, sábese que el edicto del rey para reconstruir a Jerusalem entró en vigor hacia el mes de octubre del año 457 antes de la era cristiana.”  Gestación y Nacimiento de un Mundo Mejor,  Tomo  II 1, Págs. 733,734.  Editorial Kier, Buenos Aires, Argentina, 1944.

Pág. 115,116:  Señales en el Sol, la Luna y las Estrellas.  Samuel Williams, de la Universidad de Harvard,  describe el notable día oscuro del 19 de mayo del 1780.  El profesor relata que la oscuridad se aproximó con las nubes desde el sudoeste “entre las diez y las once de la mañana y continuó hasta la medianoche siguiente”, variando de grado y duración en diferentes localidades.  En algunos lugares “las personas no podían ver para leer la letra común de imprenta al aire libre, durante varias horas, aunque “no era este generalmente el caso”.  “Se encendieron velas en las casas; las aves cantaron sus cantos nocturnos, desaparecieron y guardaron silencio; las aves domésticas fueron a dormir en sus sitios habituales; los gallos cantaban como al amanecer; los objetos no podían distinguirse sino a muy corta distancia; y todas las cosas tenían la apariencia y la lobreguez de la noche.”  Memoirs of the American Academy of Arts and Sciences, de 1783, Tomo 1, págs. 234, 235.  (Traducido del inglés.)

No se trataba de un eclipse solar, ya que era luna llena.  “La oscuridad de la noche siguiente era probablemente la más densa que jamás se haya observado desde que la orden del Todopoderoso dio origen a la luz.  Solo faltaba que pudiera palparse para que fuese tan extraordinaria como las tinieblas que cubrieron la tierra de Egipto en los días de Moisés… Una hoja de papel blanco mantenida a pocas pulgadas de los ojos era tan  invisible como el más negro terciopelo”.  Carta de Samuel Tenney, 1785, en Collection of the Massachusett Historical Society , parte 1, tomo 1. edición de 1792, págs. 97, 98.  (Traducido del inglés.)

Un testigo ocular, astrónomo de la Universidad de Yale, dice:  “La mañana del 13 de noviembre de 1833 fue memorable por la exhibición de un fenómeno de estrellas fugaces, probablemente más extenso e imponente que cualquier otro semejante que hasta ahora se haya registrado…  Probablemente ningún fenómeno celeste ha ocurrido jamás en este país, desde su primera colonización y deleite por una clase de espectadores, o con tanto asombro y temor por otra clase.”  Denison Olmsted en The American Journal of Science and Arts, Tomo 25, año de 1834, Págs. 363. 364.  (Traducido del inglés.)

Frederik Douglas, recordando sus días de esclavitud, dice:  “Yo fui testigo de este magnífico espectáculo, y estaba espantado.  El aire parecía lleno de brillantes mensajeros que descendían del cielo… Yo no podía librarme de la impresión, por momentos, de que eso pudiera ser el presagio de la venida del Hijo del hombre:  y en mi estado de ánimo de entonces estaba preparado para aclamarlo como mi amigo y libertador.  Yo había leído que ‘las estrellas caerán del cielo, y ahora estaban cayendo.”  Life and Times of Frederik Douglas, edición de 1941, pág. 117.  (Traducido del inglés.)

Pág. 147:  Caída del Imperio Turco.  Un valiente milerista, Josías Litch, basado en los textos de la profecía de las siete trompetas, se atrevió a predecir la caída del poder turco.  “Predijo en dicho año (1840)  que la potencia turca caería ‘en algún momento del mes de agosto de 1840’.  Pero pocos días antes del cumplimiento de la profecía concluyó más definitivamente que el período concedido a los turcos acabaría el 11 de agosto de 1840’ ”.  Una carta fechada el 12 de agosto del 1840, del corresponsal del Morning Chronicle, de Boston, indicaba que “ayer” (el 11 de agosto), las potencias turcas de “La Sublime Puerta” , se rindieron ante las fuerzas cristianas aliadas de Europa. (Citado del libro Apocalipsis. de Urías Smith, págs. 160, 161, edición del 1949,  Pacific Press Publishing Association, Mountain View, California.)

Pág. 134:  La Diosa La Razón.  “Yo fui frustrado al visualizar las escenas más que escandalosas en la Iglesia de Notre Dame, donde una actriz de la ópera fue adorada como una divinidad, y debo decir que la mayoría de los miembros de la Convención rehusaron estar presentes en esto.  Un gran número aun paró de asistir a la Asamblea después que el obispo de París fue llevado al bar para declarar que era un impostor, que nunca había sido otra cosa, y que el pueblo estaba rechazando el cristianismo.  Su ejemplo fue seguido por sacerdotes y ministros protestantes en la Convención, quienes montaron la tribuna para abdicar sus oficios religiosos.”   E. L. Higgins, The French Revolution as Told by Contemporaries, (Boston: Houghton, 1938) Pág.329. (Traducido del inglés.)

Pág. 168:  La Revolución Francesa y la Biblia.  “Cuatro Jacobinos de París levantaron el palanquín triunfal en sus hombros.  Una horda de clubistas y mujeres lujuriosas les seguían gritando: ‘¡Abajo los aristócratas, que viva la República, que viva la guillotina!’  Estos eran seguidos por un grupo de bandidos cargando los vasos sagrados, moviéndolos al aire como lo harían mujeres lujuriosas borrachas y demonios encolerizados.  En medio de la multitud estaba un asno vestido con una capa y ostentando una mitra sobre su cabeza y otros objetos del culto católico en su espalda; un crucifijo, la Biblia y el Evangelio fueron atados a su cola…”   Aimé Guillon de Montléon,  Historie de la ville de Lyon pendant la revolution.  Baudoin, Paris: 1824, Vol. 2, Págs. 346,347.  (Traducido del inglés.)

Pág. 200: Astrología.  “La astrología pre zodiacal, i. e. la astrología practicada antes de la introducción del sistema zodiacal de constelaciones, no puede ser considerado como ‘astrología horoscópica', pero sólo como una forma de técnica de presagio estelar, cuyas predicciones tenían un carácter primitivo…  El más antiguo … horóscopo conocido hasta ahora es un texto cuneiforme… del 29 de  abril del 410 AC.”  Frederick H. Kramer, Astrology in Roman Law and Politics, pág. 5,  The American Philosophical Society, Philadelphia, 1954.  (Traducido del inglés.) 

Pág. 204: Mudanza de la capital de Roma al Bósforo.  “La remoción de la capital del imperio de Roma a Constantinopla en el 330, dejó a la Iglesia del Oeste prácticamente libre del poder imperial, para desarrollar su propia forma de organización.  El obispo de Roma, en la silla de los Césares, era ahora el más grande del Oeste, y fue pronto forzado a llegar a ser la cabeza tanto política como espiritual.”  Alexander Clarence Flick, The Rise of the Medieval Church  (Reprint; New York:  Burt Franklin [1959]), Pág. 168.  (Traducido del inglés.)

Pág. 204:  Reinos de Europa Súbditos del Papa.  “No, la Iglesia no descenderá a la tumba.  Ha de sobrevivir al Imperio… Al fin un segundo imperio surgirá, y de este imperio el Papa será el amo- más que esto, él será el amo de Europa.  Él dictará sus órdenes a reyes que le obedecerán”.  The Latin Church in the Middle Ages, by André Lagarde, seudónimo de Joseph Turmel, New York: Scribner, 1915, p. 6.  Reimpreso con el permiso de Charles Scribner Sons.  (Traducido del inglés.)

El papa Bonifacio VIII, al concluir su encíclica Unam Sanctum del 1302, dice:  “Nosotros proclamamos, declaramos y pronunciamos que es totalmente necesario para la salvación de todo ser humano estar sujeto al pontífice Romano.”   Translations and Reprints from the Original Sources of European History, volumen 3 (Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 189-), num. 6, pags. 22,23  (del texto en latín de Mury, Revue des Questions Historique, Vol. 46, Pág. 256, basada en el facsímil de la regesta papal).  (Traduicido del inglés.)

Pág. 205:  Trozos de la Obra de Alfonso de Ligorio, Las Glorias de María:  “’Antes faltarán los cielos y la tierra, añade Blosio, que María en socorrer a los que la invoquen sinceramente, poniendo en ella su confianza.’ Y aun a veces seremos oídos más pronto recurriendo a Ella que si acudiésemos al Señor” (1:21).  “Inmensa y admirable fue, por cierto, la bondad, que, siendo nosotros pecadores vilísimos,  darnos le plugo en Vos una abogada de quien podemos esperar toda suerte de bien; abogada en cuyas manos beneficentísimas están los tesoros inagotables de la divina gracia; abogada piadosísima, por quien alcanzásemos redención de culpas, galardón de gloria“ (1:165,166).  “¡Infelices de nosotros si no nos amparase esta abogada tan poderosa, tan benigna, tan prudente y sabia, que el Juez (Dios) no puede condenar a reo alguno que Ella defienda!” (1:171)  “Un Señor tenemos lleno de misericordia y una Señora misericordiosísima.  El Señor es todo clemencia con los que le invocan, y la Señora, lo mismo.  Sentada está en el solio del reino de Dios, donde el Altísimo la revistió de su  autoridad y omnipotencia para que nos dispense todo género de beneficios y nos ayude a conseguir, por último, la eterna salvación” (1:192).  Supuestas palabras de la Virgen María a Santa Brígida: “Yo soy la Reina del Cielo, Madre de misericordia, alegría de los justos y puerta de salvación para los pecadores; ni vive en la tierra pecador alguno tan infeliz que esté del todo privado de mi bondad y misericordia, porque los que menos, logran por mi intercesión no ser molestados de tentaciones, como sin mi favor lo serían” (1:31).   “Todo, hasta el mismo Dios, obedece al mandato de María, dice francamente San Bernardino de Siena; esto es, Dios oye sus ruegos como si fueran preceptos.  Sí, Virgen purísima;  a tanto os ha Dios ensalzado, que, por gracia, no hay para Vos cosas imposibles.  Vuestro auxilio es omnipotente, pues conforme a buena ley gozáis todas las prerrogativas de los que el Rey goza, como que sois la Reina.  Poderoso es el Hijo, poderosa la Madre; omnipotente el Hijo, omnipotente la Madre, y tanto, que tiene puesta Dios a toda la iglesia, no bajo vuestro amparo solamente, sino bajo vuestra jurisdicción y dominio”  (1:160,161).  “...convino al  eterno Padre exceptuar a María de la mancha original, porque era Hija suya, e Hija Primogénita… fue predestinada junto con el Hijo  en los divinos decretos antes que todas las criaturas, … San Basilio la llama mediadora entre Dios y los hombres, y San Efrén la reconciliadora de todo el mundo…  destinada a hollar la cabeza de la serpiente infernal” (2:10,11).  “María es esta fidelísima mujer por cuya fe se salvó Adán, varón infiel, y toda su posteridad” (2:244).  “…en lo que principalmente demostró (María) su heroica obediencia a la voluntad divina, fue cuando ofreció su Hijo a la muerte con tanta constancia, que, como dijo San Ildefonso,  a falta de verdugos, hubiera estado pronta para crucificarle” (2:259,260).  “… si perseverares en la verdadera devoción a María hasta la muerte, indudablemente te salvarás” (2:292).  Alfonso María de Ligorio,  Las Glorias de María, Apostolado Mariano, Sevilla, España.

Pág. 206,222:  Edicto de Constantino, del 7 de marzo del 321.  “Descansen en el venerable día del sol los magistrados y los habitantes de las ciudades, y ciérrense todos los talleres.  En el campo, sin embargo, las personas dedicadas a la agricultura pueden continuar libre y legítimamente sus ocupaciones; porque a menudo sucede que otro día no es tan conveniente para la cosecha del grano o la plantación de la vid; no sea que por descuidar el debido momento esas labores se pierda la liberalidad del cielo.  (Dada el 7mo. día de marzo, siendo Crispo y Constantino cónsules ambos por segunda vez.)  Codex Justinianus, libro 3, título 12,3.  Traducido por Phillips Schaff, en History of the Christian Church (1902),  tomo 3, Pág. 380.  (Traducido del inglés.)

Pág. 207:  Arrianos perseguidos.  “La intolerancia religiosa acompañó a la restauración (por Justiniano) en el Oeste.  En África, como en Italia, los Arrianos fueron dañados para el beneficio de los Católicos, sus iglesias fueron destruidas o arruinadas, y sus tierras confiscadas.”   Justinian's Government of the East, capítulo  2 en The  Cambridge Medieval History, Vol. 2 (Cambridge:  Cambridge University Press, 1926), pág. 44.  (Traducido del inglés.)

Pág. 208:  Humillación de Enrique IV:  Durante el pontificado de Gregorio VII (Hildebrando), hubo un conflicto con el emperador Enrique IV, sobre el asunto de las investiduras.  En sus Dictatus Papae, Hildebrando expuso: “El papa es el único cuyos pies son besados por todo los príncipes”.  El rey quiso retar la teoría del señorío papal.  El papa le advirtió de “tratar con más honor a la cabeza de la iglesia, San Pedro, e príncipe de los apóstoles.”  Enrique le contestó, con una réplica descortés, que comenzaba así: “Enrique, Rey no por usurpación, pero a través de la santa ordenación de Dios, a Hildebrando, al presente no papa, pero monje falso.  Esta es la salutación que usted merece, pues usted nunca ha ejercido oficio alguno en la iglesia sin hacer de él una fuente de confusión y una maldición a los hombres cristianos, en vez de un honor y una bendición.”  La carta terminaba con las palabras:  “Yo, Enrique, Rey por la gracia de Dios, le digo a usted: ‘Baje, baje y sea condenado por todas las edades.’

 “En enero del 1077, él (Enrique) llegó al pequeño pueblo de Canossa, donde Gregorio estaba detenido en el castillo de la Condesa de Tuscania en su viaje a Alemania para asistir a un concilio alemán.  Por tres días y tres noches Enrique estuvo fuera del palacio, desvestido de toda su regalia, ‘cuitado, descalzo, vestido de lana, esperando por e perdón del papa.  El espectáculo del más poderoso rey de la Cristiandad humillándose en esta forma sensacional era algo para maravillar todo el mundo Cristiano- rey, señor, y labriego a la vez.”  Louis L. Snyder, ed., Documents of German History (New Brunswick, New jersey:  Rutgers University Press, 1958), Págs. 31-33.  (Traducido del inglés.)

Pág. 209:  Triple Corona.   Bonifacio VIII  “añadió a la diadema papal una segunda corona, en señal de que además del poder espiritual reclamaba para sí el temporal  (la tercera corona de la tiara sería más tarde agregada por Urbano V).”  Albert Wucher, Breve Historia de los Papas (Librería “El Ateneo” Editorial, Buenos Aires), Pág. 124.

 


Índice
Introducción
| La Revelación de Jesucristo | Ven, Señor Jesús (Poema) | Las Siete Iglesias
El Santuario | Los Siete Sellos | Él Viene (Poema) | El Sello del Dios Vivo | Sabatista (Poema)
Las Siete Trompetas | El Mensaje del Juicio | Dos Testigos | La Mujer y el Dragón
Sí, Yo soy Adventista (Poema) | El Anticristo | El Mensaje Final | La Gran Ramera | Las Siete Plagas Postreras
El Milenio | La Tierra Nueva | Nuestro Hogar Celestial (Poema) | Apéndice-I | Apéndice-II | Bibliografía