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Señora
Liliana de los Ángeles Hernández
Soto
Organización Política Primero
Justicia
Diputada Electa como Representante
por el Distrito Capital
Asamblea Nacional de la República de
Venezuela
Caracas, Venezuela.
Caracas, 01 de Septiembre de 2003
Señora representante:
Exponiendo de antemano mi
consideración y respeto personal por la actividad política que ha venido
desarrollando en el seno de la Asamblea Nacional durante este período; a
sus interesantes opiniones que he podido ver, escuchar y leer en los
medios de comunicación, debo sin embargo comentar que, como morador de
este territorio, supuesto ciudadano y elector, al menos en el específico
ámbito de seguridad pública y de la administración de justicia, no he
estado, no estoy, ni podré estar en lo absoluto satisfecho con los
resultados de la labor de esa Asamblea Nacional de la cual usted es
miembro con voz y voto.
Como ciudadano, si es que se
pretende aplicar tan específico término a un morador, no puedo sentirme
representado, ni pienso que usted haya representado a cabalidad los
intereses de una comunidad sujeta a un programa de exterminio y a un
estado tal de cosas –en el ámbito de la materia citada– que,
voluntaria o involuntariamente, ha conducido al país a ingresar en una
categoría que en el concierto de naciones se identifica con el concepto
de: Estado Forajido.
Comprendería
los argumentos en descargo que usted y sus pares pudieren alegar en su
defensa y acepto que otros asuntos “políticos” importantes para usted
y su organización política –que no la justicia... vaya contradicción–,
han ocupado y ocupan por completo su tiempo; mas sin embargo, cuando
afirmo mi condición de morador de un territorio, es precisamente por tres
verificados y verificables criterios: a) sólo en el Estado de Derecho,
existe el ciudadano; b) el Estado en Venezuela no existe como tal –o al
menos de la manera que opera no es aquella definida por la teoría, la
sana lógica, por la práctica, y que se materializa en el desempeño
eficiente de los poderes públicos; una idea, un concepto y una función
supuestamente vigente por estar prevista y prescrita taxativamente en la
Constitución de 1999; c) de existir en el estado actual de las cosas,
entonces resultaría ser una tremenda estafa en la que, quiérase o no,
participamos todos, puesto que el primigenio y principal objeto del Estado
es el de imponer el orden.
No es
posible admitir que éste –el Estado–, como idea, concepto y función
exista, si nos atenemos a los resultados que hoy, a casi cinco años de
supuesto gobierno, arroja el desempeño de los poderes públicos en función
de sus deberes y obligaciones en cuanto a la materialidad de la paz, la
seguridad y el derivado efecto: el orden público.
Salvo
prueba en contrario afirmo, sin orden no puede existir la justicia, pero
es que sin justicia, tampoco puede existir el orden. A menos que llame
usted: orden y justicia: a) lo
que impera en una comunidad de moradores de un territorio donde no menos
de 1.541 moradores del territorio han sido falsamente arrestados,
detenidos, o simplemente secuestrados por funcionarios de policía y
luego, asesinados a tiros; ésto, en
un lapso no mayor a treinta meses; b) lo que existe al interior de esta
comunidad de moradores cuando registra un índice de 821,47 delitos por
cada cien mil habitantes para el año 2002 (846 en su proyección a
diciembre de 2003); c) lo que existe al interior de esta comunidad de
moradores que registra una tasa de 41,05 asesinatos por cada cien mil
habitantes año; d) lo que existe al interior de esta comunidad de
moradores cuando se registra el índice de un secuestro cada 41 horas, según
las cifras proyectadas hasta el final de este año.
¿Orden y
justicia, la sentencia de un juez de la República que declara inocentes y
pone en libertad a los diez funcionarios policiales supuestamente
imputados por el delito de “desaparición forzada de personas”, cuando
a pesar de haber quedado probado y sentenciado el arresto, la detención o
el secuestro de la víctima por esos funcionarios policiales, sin embargo,
a un mil días desde la fecha del hecho imputado y aún después de la
sentencia dictada por ese juez, la víctima, permanece en situación de desaparecido?
Si bien
usted pudiera alegar que sus responsabilidades como representante electo
no son del ámbito ejecutivo sino exclusivamente legislativo, también es
cierto que, entiendo, una Asamblea, como se denomina ahora el Congreso,
tiene responsabilidades en la materia que nos ocupa puesto que, además de
legislar, tiene el deber, la obligación y la responsabilidad de
supervisar y controlar el desempeño del Ejecutivo y de los titulares de
los otros poderes que por decisión supuestamente autónoma del poder del
cual usted forma parte, han sido designados, juramentados y ejercen esos
cargos.
¿Específicamente,
se ha hecho algo en concreto, eficaz y efectivo, en el sentido de esa
función contralora de desempeño del poder Ejecutivo, del poder Judicial
y del poder Ciudadano? Todos ellos a la luz de las resultas, ineficientes
e ineficaces, cuando menos negligentes, por no usar otro término.
Otras preguntas harían el texto de
esta comunicación muy extenso por los detalles que tendrían que ser
abordados; prefiero anexarle la copia de una nota de información que he
redactado sobre el asunto y a los efecto de remitirla Fiscal General de la
República Dr. Julián Isaías Rodríguez Díaz (designado al cargo en
G.O. del 20 de diciembre de 2000), y que se explica por sí misma. Dejo en
sus manos, pues, el hacerse del tiempo necesario para una lectura,
verificación de datos, reflexión y derivada decisión; personal, propia
e indelegable de quien asumo, pretende representar los intereses de la
comunidad de moradores de este territorio. Posiblemente si así lo
hiciere, se produzca un alto en la campaña genocida en curso, y,
signifique una esperanza para que algún día podamos recuperar los
moradores, la condición de ciudadanos.
No tiene
usted obligación alguna de responder las preguntas formuladas, menos aún
esta comunicación puesto que, ante quien debe y deberá responder es ante
usted misma, ante la comunidad; quizás en algún momento tenga que
hacerlo ante los deudos de las víctimas ya caídas, y las que faltan por
caer a manos de esta maquinaria genocida, y, finalmente, ante los que,
confiados en esta parodia de democracia, votaron por usted y la llevaron a
su curul.
Seguramente
considere usted duro y hasta contradictorio el lenguaje de éste, mi
personal reclamo, pero sólo ante los que se perciben más capacitados y
con potencial de acción al interior de esa Asamblea y su hasta ahora
bizantino desempeño, vale la pena el intento, asumiendo que si tiene
respuestas contundentes frente a lo planteado y puede exponerlas y
sustentarlas con sus actos y éstos fueren cabalmente satisfactorios en
sus resultados, algo se logra, y no tendré empacho alguno en reconocerlos
a futuro.
Sin otro
particular, reiterándole mis sentimientos de consideración y de
respecto, quedo de usted; atentamente.
Rafael Rivero Muñoz
Comisario General
Anexo: Lo
indicado
C.c. vía lhernandez@asambleanacional.gov.ve
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