Antes que ejercicio,
disfrute de signos exteriores de poder
El más grave problema al
cual se ha enfrentado Venezuela a todo lo largo de su historia política,
se refiere precisamente a la deficiente e inconsistente materialización
de la idea, del concepto y de la función del Estado manifiesta en la
ausencia de expresa voluntad política de las elites en el poder para
hacerlas efectiva, sea por ignorancia, por incapacidad, por falta de
formación o hedonismo en la mejor de las situaciones, en otras, las más
perniciosas, por imponer por sobre lo público los intereses privados
propios y de sus asociados; antes que verdaderos servidores públicos, la
casta política se ha servido y sirve de lo público en su desempeño
populista y clientelar; el Estado no tiene, para la mayoría de ellos,
otro fin distinto a aquel que se equipara al botín de guerra, muy propio
de los piratas, bucaneros o filibusteros que asolaron islas y costas de
tierra firme en el mar Caribe[10]. Es así que, salvo
honrosas excepciones, en su gran mayoría y desde antes y después la caída
del gobierno de Marcos Pérez Jiménez, más que el ejercicio del poder,
quienes han llegado a la máxima magistratura, lo que han hecho es
disfrutar de lo que nos atrevemos a hacer gráfico como los signos
exteriores de poder; por eso hemos sostenido por años que tres han sido
las complicaciones políticas trascendentes en Venezuela: a) la evasión
del conflicto; b) la ley del menor esfuerzo y c) la derivada
irresponsabilidad. Traducido ello a consecuencias políticas, una de carácter
catastrófica sobre la idea, el concepto y la función del Estado; ha
significado en términos sociales y políticos, una silente pero
perniciosa escalada hacia el fracaso, primero mediante la incipiente erosión
seguida de la paulatina y sostenida transferencia, y finalmente, hacia
donde ya nos encontramos, la pérdida absoluta del monopolio de la
violencia por parte del Estado. En otros términos, la característica que
por sus efectos resulta ser la más trascendente sobre la seguridad pública
y en cuanto a la idea, el concepto y la función del Estado venezolano
contemporáneo, es que hoy, éste –el Estado– se encuentra en la
circunstancia de tener que discutir y contender con otros actores –sean
éstos individualidades o colectivos privados, estatales, no estatales o
para estatales– y en el terreno de la idea, del concepto y de los
hechos, la legitimidad de su monopolio en cuanto a las capacidades y del
propio ejercicio de la violencia.
[10] Organización de
saqueadores y hacedores de botín que durante casi dos siglos operó en
mar Caribe como un instrumento irregular para la expansión comercial y
territorial de Inglaterra, Francia y Holanda
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