La práctica
También es cierto que, a
estas alturas de la historia, a más de quinientos años y no menos de dos
mil ininterrumpidos relevos generacionales autóctonos desde aquellos
eventos, salvo la referencia histórico académica con fines propios a esa
disciplina, toda otra referencia en el orden político no tiene otro fin
distinto al de expresar, además de la crisis existencial derivada del
complejo de inferioridad que aqueja y carcome al resentido social en su
expresión populista, y en más de un caso, al de alimentar el
voluntarismo y la fantasía de algún interesado caudillo en su pretensión
por imponer un imposible retorno de la actual sociedad venezolana a la época
tribal –del guayuco, la choza, la curiara, la lanza, el arco y la
flecha, la del conuco y de la economía de subsistencia– para, quizás
sea el delirio, en una gesta libertadora nacional y hasta latinoamericana,
arrancar con todo de nuevo, desde el mismo principio, desde allí, de la
tribu, a la creación de un nuevo Estado; a lo mejor partiendo de un
febril criterio de que así como las viejas naciones estados como Francia,
España y el Reino Unido fueron creadas –antes que como una expresión
política de la comunidad nacional preexistente– mediante la represiva
cooperación impuesta por sus administradores y por la fuerza de las armas
a esa población. Ignorando que ya la simple consideración aritmética
ubica tal delirante pretensión en el campo de una utopía[7].
[7] La población total
venezolana, mayoritariamente rural para el año 1830 cuando se separa de
la Gran Colombia, podría estimarse en unos 633.133 habitantes; hoy la
población es eminentemente citadina según las últimas estimaciones:
población total 23.242.435 habitantes de los cuales el 84,5% se
registra oficialmente como población urbana. Población total estimada
al 30 de junio de 1998. OCEI Anuario Estadístico de Venezuela 1998;
publicado en enero de 2000.
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