Otra evasión de conflicto
Así hemos tomado la
referencia de algunos hechos ejemplarizantes de la expresa y manifiesta
debilidad demostrada por la elite política –en gobierno y oposición–
y los responsables de la Administración venezolana en el área de
seguridad pública y en cuanto a grupos armados –supuestos abanderados
de intereses políticos– actuando al interior de su territorio, sean éstos,
operadores políticos con intereses intra o extra-frontera o miembros de
organizaciones delictivas o guerrilleras autóctonas. Nos corresponde
mencionar otros hechos políticos demostrativos ya en el terreno de
intereses privados y no políticos colocados por sobre los intereses del
Estado. Dos situaciones en otro campo de ilícitos son de mencionar por su
importancia, la una en el terreno del tráfico de drogas, la otra en
cuanto a las actividades en Venezuela de representantes de la Mafia, la
originaria, la siciliana.
El treinta de septiembre
de 1983, luego de un proceso de información e investigación de treinta
meses, se logra la incautación –para ese momento– del cargamento más
grande de cocaína en una sola operación, 667 kilos. Dos reacciones de la
Administración fueron evidenciadas, la primera, sacar provecho
publicitario del decomiso; la segunda, evitar que la investigación
subsiguiente continuara y culminara con la identificación de los cómplices
y los responsables de la operación financiera; por una parte permitiendo
la fuga al exterior del operador principal, el oficial retirado de la
marina Lizardo Márquez Pérez y por la otra evitando y obstaculizando
toda posibilidad de desarrollo ulterior de las indagaciones. Sin embargo,
quedarían perfectamente establecidas las vinculaciones en el
almacenamiento y transporte de la droga, tanto de oficiales de la FA en
situación de retiro como un oficial general activo comandante de guarnición,
y en la operación financiera, la injerencia directa del asesor político
y potencial jefe de campaña presidencial del candidato de gobierno, el
propio Ministro de Relaciones Interiores en funciones para ese momento.
Lizardo Márquez Pérez sería luego detenido en Miami y condenado a
cuarenta años por un tribunal norteamericano.
Otra investigación
criminal adelantada con el soporte de agencias norteamericanas,
canadienses, inglesas e italianas, evidenció la presencia y actividades
ilícitas del crimen organizado en Venezuela: la familia del clan Cuntrera
Caruana. Desde que se presentó el informe preliminar con las
constataciones realizadas en territorio venezolano y las vinculaciones
directas con bandas del crimen organizado operando, entre otras ciudades y
países, en Nueva York, Chicago, Lóndres, Canada e Italia, la
Administración guardó expreso silencio; meses después devolvería el
informe a la unidad emisora, pero sin decisión. Las ulteriores
investigaciones pusieron al descubierto algunas otras vinculaciones del
grupo delictivo Cuntrera Caruana con funcionarios de alto y medio nivel en
el Ejecutivo, entre ellos, de quien había ejercido en ese período de
gobierno el cargo de Ministro de Relaciones Interiores. En el siguiente
período de gobierno, tampoco fue posible la admisión del informe y menos
aún continuidad en la investigación y una decisión. Fue necesario que
cada gobierno afectado implementara una campaña de presión política y
mediática nacional e internacional, para que el gobierno, en extremo,
decidiera la expulsión del país de los tres hermanos Cuntrera.
Otras evidencias
demostrativas de esa ausencia de voluntad política del Estado
expresamente dirigida a mantener el monopolio de la violencia, son de
mencionar. En el caso de los asaltos a bancos, instituciones financieras y
transportes de valores que ya hemos citado, la evidenciada inacción del
Estado deja a libre albedrío de los particulares interesados, los
pertrechos bélicos y a su voluntad, el uso de la coacción y de la
amenaza y en sus extremos, del uso directo de la violencia letal sobre los
ciudadanos en función de sus intereses crematísticos; también en estas
acciones, como citamos, encontramos que de una u otra forma, en el antes
el durante o después de cada acción, funcionarios de mediano y alto
nivel, por acción u omisión, sirven de apoyo a esos intereses. En el
caso de secuestros a ciudadanos, demanda y pago de rescate, citamos
situaciones donde funcionarios delegados directos del más alto magistrado
de la República, saltando e ignorando los comandos policiales
competentes, han sido los comisionados para negociar montos de rescate,
transmitir a los familiares de los secuestrados las exigencias monetarias,
para obtener los fondos líquidos de manos de los familiares de las víctimas
y, luego, en supuestas operaciones clandestinas, entregar el rescate –o
parte de éste– a los secuestradores.
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