La omisión

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Rafael Rivero Muñoz
Comisario General


La omisión

Vistos ya algunos efectos perniciosos –deseados o no– de la voluntad política y sus decisiones, abordemos el caso contrario, también expresión de voluntad pero en la ausencia de decisión, o de decisiones de efectos contrarios a los previstos en ese contrato social que tanto hemos referido. A estos efectos, nos referiremos a la calidad y vigencia de unos de los más importantes atributos del Estado en función de estar en capacidad para imponer su voluntad sobre todo el territorio y sus gobernados. Son las expresiones que en su conjunto han erosionado severamente las capacidades del Estado para aprisionar y mantener el monopolio de la violencia legítima.

Esta pérdida del monopolio en las capacidades y el ejercicio de la violencia por parte del Estado venezolano, ha sido un proceso quizás lento pero definitivamente sostenido, que tiene unas primeras expresiones durante el trienio 1945–48 y luego comienza en forma soterrada a partir del primer gobierno electo luego de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez. En aquella oportunidad, el Ministro del Interior de la época, por razones de tipo personal que luego fueron cubiertas bajo el manto de la lucha antisubversiva, importó desde Miami a un primer grupo de sus amigos y custodios de seguridad, naturales cubanos supuestamente entrenados a quienes incorporó, unos como efectivos en la nómina del cuerpo de seguridad de Estado, a otros a unas unidades clandestinas de “inteligencia” y para el combate contra desafectos al gobierno y contra lo que luego de la primera división del partido de gobierno, se organizaría como guerrilla urbana y suburbana. Casi de inmediato el grupo de “importados” comienza a crecer en individualidades y especialidades. Por  supuestas o reales necesidades logísticas de esos ya importantes grupos, comienzan a ingresar a Venezuela oficial y oficiosamente, ingentes lotes de armas individuales, municiones, explosivos, explosores, y las habilidades, manuales y técnicas terroristas. Por su parte los recién organizados cuerpos de seguridad, comienzan a su vez a equiparse en armamento y munición –el traficante en armas Samuel Cummins coloca su primer importante pedido de desechos de guerra, los sub-fusiles Madsen MI destinados a la policía uniformada, seguido de un segundo pedido de sub-ametralladoras Madsen MII para los cuerpos no uniformados–. Cada nueva situación de real o supuesto para la democracia peligro –militar o guerrillero– o cada nuevo jefe policial que llegaba a un cargo directivo, exigía nuevo equipamiento en cada vez más modernas y letales armas individuales, sin que por tanto, órgano alguno de la Administración ejerciera supervisión sobre origen, certificación de lotes y proveedor, y asumiera un control pertinente sobre la importación, almacenamiento, distribución y disposición de los  equipos letales en proceso de compra o los ya importados[12]. Los grupos alzados en armas, por su parte, comienzan a recibir clandestinamente desde dentro, mediante el trasvase de suministros bélicos y desde fuera de las fronteras, mediante el contrabando de equipos individuales para la guerra: fusiles automáticos, ametralladoras, proyectiles, granadas y explosivos. 

Ya a mediados del segundo período de gobierno electo, luego del “Viraje Táctico” declarado por la subversión, comienzan a replegarse los grupos alzados en armas, algunos de cuyos líderes negocian con representantes de gobierno su desmovilización. Sin embargo, las armas y pertrechos bélicos en manos de estos grupos, no fueron, en su momento, requeridos, ubicados e incautados por el Estado. Ese segundo gobierno, en sus últimos meses previos a la entrega del poder al partido opositor ganador, organiza la Oficina de Asuntos Especiales (OAE) y nombra en el cargo a un representante de ese partido opositor. Este nuevo jefe policial, procede a reclutar personal de operadores sobre el terreno, y a incorporar a su plantilla a un gran número de los “importados” cubanos ya residentes en el país. Continúa el proceso de desmovilización de la guerrilla en las mismas condiciones, mas por razones políticas del nuevo gobierno, se le otorga a la operación un rango de decisión política de la Administración, bajo el epíteto de “La Pacificación”, que incrementa el número de individualidades que se suman al proceso de desmovilización, muy en especial de los integrantes de los cuadros de mando de los grupos subversivos; éstos –si no todos– en su gran mayoría reciben ayuda monetaria inmediata y luego, financiados con fondos secretos del Ministerio del Interior por órgano de la OAE, son enviados al exterior en supuestas misiones de estudio; pero, lo trascendente del asunto: las armas, explosivos, municiones y demás equipos para la guerra, tampoco son ubicados, requisados o incautados por el Estado

Paralelamente, una nueva negociación debilita aún más el Estado en cuanto a su monopolio de la violencia. Por razones de Estado –aducidas en función de la debilidad del gobierno y que pudieren luego ser alegadas como eximentes de responsabilidades–, el jefe de la OAE como representante del nuevo gobierno en funciones, acuerda en principio con los representantes de los naturales cubanos incorporados a esos servicios, luego de allí enlaza la negociación con los jefes de los grupos opositores del gobierno cubano residentes en Miami. Palabras más palabras menos, el asunto concluye en los siguientes términos: a cambio de que los operadores del exilio cubano no ejecutaran acciones de terrorismo en contra de los ciudadanos e intereses venezolanos en su territorio y fuera de él, especialmente en los Estados Unidos, el gobierno venezolano le garantizaba a todos y cada uno de los naturales cubanos residentes en Venezuela, dos contraprestaciones, a) a todos los cubanos que habían trabajado y trabajaban en los cuerpos de seguridad, dentro o fuera de ellos, dentro o fuera del territorio, se les garantizaba en mejores condiciones tanto los ingresos monetarios como las prebendas de las cuales habían disfrutado durante el período de gobierno anterior; b) el exilio cubano, dentro y fuera de territorio venezolano, no sería perseguido ni objeto de investigación o medida alguna por parte del gobierno venezolano, antes por el contrario, se les garantizaba el apoyo en su lucha contra Fidel Castro. Precisamente, de ese grupo de cubanos exilados residentes en Venezuela e incorporados a los cuerpos de seguridad, con el apoyo de algunos de los residentes en USA y otros países latinoamericanos, emergerían los responsables intelectuales y los autores materiales de la voladura del avión de Cubana de Aviación.

[12] Tal como es el caso de la importación de la nueva carabina o pistola ametralladora de la F.N. Herstal P90 del calibre 5.7 x 28 mm.; arma concebida para operaciones militares de comando y detrás de líneas enemigas, cuenta con cargadores de 50 tiros y un nuevo proyectil de dotación capaz de penetrar a 200 metros blindajes de 1.6 de titanio y chalecos antibalas de 20 capas de kevlar. El primer lote importado fue de doscientas  piezas. Ya han sido exhibidas por civiles escoltando a oficiales militares al frente de unidades en la ocasión de manifestaciones públicas.
 

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