Y sus efectos
Siguiendo dentro del mismo
criterio esbozado, en materia política, la derivada realidad venezolana
tiene por tanto mucho más de histeria[8] que de historia. El
caudillismo y el personalismo ha adoptado siempre –exacerbado en el
actual período– formas proto–estatales y definitivamente no
institucionales, reñidas ambas y absolutamente con la idea y concepto clásico
de Estado a la cual hemos hecho referencia. Se trata de la dinámica
propia a los provincialismos autóctonos del siglo XIX, continuada y
potenciada en el populismo de siglo XX, y que, lejos de desafiar la lógica
de esa idea del Estado, antes por el contrario, la encoleriza: la ha
llevado y lleva “... a expresiones maximalistas...”[9].
[8] “... un tipo de
personalidad caracterizada por la excitabilidad, hiperreacción
emocional, autodramatización y actos impulsivos, que se observa con
frecuencia en asociación con la histeria clásica...”. Diccionario
Enciclopédico Ilustrado de Medicina Dorland; McGraw-Hill Interamericana
de España, 9ª edic.España. 1992.
[9] Julio A. Cirino y Silvana
Elizondo; cit.
|