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Tres conceptos
concurrentes conforman, según los expertos, la figura geométrica de un
triángulo, que aplicamos para definir la ingobernabilidad: a) la corrupción;
b) la debilidad institucional y c) la pobreza.
Para algunos autores y
estudiosos de los procesos políticos en “Estados Fallidos”, en
proceso de debilitamiento o ya definitivamente colapsados, el primer
elemento de interés para el estudio y de donde se desprenden como
derivados los otros dos, lo constituye el debilitamiento institucional.
Esto nos llevaría a aceptar que en algún momento esa indispensable
institucionalidad del Estado formal existió, se consolidó e hizo válida
en toda su amplitud la idea, el concepto y la función del Estado. Mas
como hemos visto en la exposición del caso venezolano, ésta no ha sido
la situación. Tomando como punto de referencia lo que asumimos como el
arranque institucional y el desarrollo de la institucionalidad, observemos
el asunto.
Esta vez, retrocedamos en
el tiempo y tomemos la referencia desde el Golpe de Estado que condujo a
la caída del gobierno de Isaías Medina Angarita en 1945 y el ascenso al
poder y comportamiento del partido político que durante los tres años
subsiguientes –y hasta su derrocamiento por otro Golpe de Estado y
ascenso al poder de Marcos Pérez Jiménez en 1948–, diera los primeros
pasos para la institucionalización “democrática”. Partido que,
derribado ya el régimen dictatorial en 1958, regresaría al poder y
asumiría de nuevo el gobierno, para dar “su” continuidad a esa
supuesta o llamada institucionalización.
Si esa llamada
institucionalización –como ha quedado evidenciado y por las razones que
pudieren ser alegadas–, comenzó por saltarse los términos estatuidos
por las normas constitutivas, fue inestable, imperfecta, contradictoria e
inconsistente desde el momento en que esa doctrina traducida en “obra
política” de aquella época a esta parte, no ha logrado aún el
perfeccionamiento institucional del Estado, expreso en esa indispensable y
normada separación de poderes; si antes por el contrario, los efectos de
la obra han dado como resultado la existencia de un solo poder que
privando e imponiendo su voluntad por sobre los otros poderes, lo ejerce
sin contrapesos, sin mecanismo alguno que controle, supervise o limite su
hacer y dejar de hacer, antes que debilidad institucional –de la cual no
podríamos hablar puesto que nunca, como vemos, ha existido y ni se ha
consolidado la idea, el concepto y la funcionalidad institucional–,
deberemos aceptar entonces el fracaso, y en su lugar entonces, el concepto
de Estado Frustrado. Y, en consecuencia, contradiciendo a los expertos y
para hacerlo gráfico en una figura geométrica, en el vértice superior
de un triángulo colocaremos el término corrupción puesto que, como
hemos concretado, es esa dinámica la que ha impuesto por décadas su
predominio y dominado la muy precaria sino inexistente institucionalización
del Estado. Institucionalidad fallida antes que débil, que colocaremos al
extremo izquierdo de la base del triángulo, al otro extremo de éste, la
pobreza: su resultado[16].
[16] La pobreza, medida por los
expertos en términos de la capacidad de los hogares venezolanos para
obtener ingresos suficientes para pagar la Cesta Alimentaria –se
refiere al número de calorías mínimas necesarias medida en términos
monetarios–, en cuyo caso la cifra se ubica por sobre el 40% de
hogares incapacitados: Pobreza Crítica. Mientras que aquellos hogares
incapaces de obtener ingresos suficientes para adquirir la Cesta Básica
–la suma del monto equivalente a la Cesta Alimentaria a la cual se
agregan los montos monetarios para el pago de los servicios básicos
como agua, luz, teléfono, servicios médicos, educación,
esparcimiento–, en cuyo caso el nivel de pobreza de los hogares
venezolanos asciende a 80%.
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