Evasión del conflicto

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Rafael Rivero Muñoz
Comisario General


Evasión del conflicto

Dentro de ese mismo contexto de evasión del conflicto por parte de los funcionarios responsables de la seguridad pública en los subsiguientes gobiernos –Ministros y jefes militares y policiales– se inscribe la expresa inacción del Estado en los casos de los actos bélicos realizados –por grupos en armas operando dentro del territorio y en la zona de la frontera occidental– contra puestos, destacamentos  y comisiones militares instaladas y operando al interior de nuestras fronteras; Alcabala de Oropé, Las Tres Salias, Puesto de Cararabo, voladura del jeep de la Guardia Nacional en El Cutufí, ataque y masacre de la comisión de Guardia Nacional en el Río Abdobadú, son algunas a citar. En ninguna de éstas y otros actos de guerra contra Venezuela y al interior de sus fronteras, ha quedado evidenciada la expresa voluntad de la Administración en defensa de la soberanía del Estado. Desde la fecha de ocurrencia de estos ataques hasta la fecha de redacción de este trabajo, ninguna de las Administraciones que se han sucedido unas a otras, ha tomado decisión o realizado operación alguna destinada a la investigación e identificación de los responsables materiales, su búsqueda, captura, sometimiento a juicio y condena.

Antes por el contrario, como ha sido evidenciado, jefes políticos, militares y policiales venezolanos de la actual Administración, tienen como interlocutores válidos y en función de intereses comunes, a jefes guerrilleros de aquel entonces y de ahora; esos mismos quienes, desde aquella época y hasta ahora, han ocupado las jefaturas máximas de los grupos que han ejecutado –y siguen ejecutando– esas y otras acciones bélicas contra Venezuela, su ejército y su población; los mismos que han sido y siguen siendo los responsables, los jefes políticos, estrategas, organizadores y comandantes de esas operaciones de guerra contra Venezuela. Temor a las consecuencias derivadas de una reacción legítima; comodidad o cobardía tanto en los jefes políticos como en los militares y policiales –ayer se negoció e importó cubanos “gusanos”, hoy se negocia e importa, por las mismas razones, con Castro y los castristas–; conveniencias tácticas en el orden político o crematístico,  utilidad estratégica en proyectos políticos de alcances intra o suprafronteras y a mediano o largo plazo; cualquiera sea el origen o causa, el beneficio o proyecto, el resultado, en términos de Estado, se materializa en un exclusivo hecho político: Venezuela no ha estado ni está en capacidad para materializar su soberanía. La Administración, de antes y de ahora, carece de voluntad y atributos políticos, militares y policiales, de estructura para decidir y hacer la guerra dentro o fuera de sus fronteras, por tanto, el carácter monolítico del Estado –territorio, población y gobierno– y su palpable y manifiesta voluntad política, debilitados como están, no está en capacidad para generar, frente a enemigos reales o potenciales, la idea de peligro o riesgo de su reacción ante una amenaza o ataque: el derivado del concepto contenido en el vocablo disuasión[13].

[13] Conjunto de acciones psicológicas, políticas, militares y morales, destinadas a un fin, y capaces de transmitir una idea y obligar a un adversario real o potencial a renunciar a toda expresión de agresión o ataque, ante el peligro derivado de la reacción o contra-ataque.
 

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