Evasión del conflicto
Dentro de ese mismo
contexto de evasión del conflicto por parte de los funcionarios
responsables de la seguridad pública en los subsiguientes gobiernos
–Ministros y jefes militares y policiales– se inscribe la expresa
inacción del Estado en los casos de los actos bélicos realizados –por
grupos en armas operando dentro del territorio y en la zona de la frontera
occidental– contra puestos, destacamentos y comisiones militares
instaladas y operando al interior de nuestras fronteras; Alcabala de Oropé,
Las Tres Salias, Puesto de Cararabo, voladura del jeep de la Guardia
Nacional en El Cutufí, ataque y masacre de la comisión de Guardia
Nacional en el Río Abdobadú, son algunas a citar. En ninguna de éstas y
otros actos de guerra contra Venezuela y al interior de sus fronteras, ha
quedado evidenciada la expresa voluntad de la Administración en defensa
de la soberanía del Estado. Desde la fecha de ocurrencia de estos ataques
hasta la fecha de redacción de este trabajo, ninguna de las
Administraciones que se han sucedido unas a otras, ha tomado decisión o
realizado operación alguna destinada a la investigación e identificación
de los responsables materiales, su búsqueda, captura, sometimiento a
juicio y condena.
Antes por el contrario,
como ha sido evidenciado, jefes políticos, militares y policiales
venezolanos de la actual Administración, tienen como interlocutores válidos
y en función de intereses comunes, a jefes guerrilleros de aquel entonces
y de ahora; esos mismos quienes, desde aquella época y hasta ahora, han
ocupado las jefaturas máximas de los grupos que han ejecutado –y siguen
ejecutando– esas y otras acciones bélicas contra Venezuela, su ejército
y su población; los mismos que han sido y siguen siendo los responsables,
los jefes políticos, estrategas, organizadores y comandantes de esas
operaciones de guerra contra Venezuela. Temor a las consecuencias
derivadas de una reacción legítima; comodidad o cobardía tanto en los
jefes políticos como en los militares y policiales –ayer se negoció e
importó cubanos “gusanos”, hoy se negocia e importa, por las mismas
razones, con Castro y los castristas–; conveniencias tácticas en el
orden político o crematístico, utilidad estratégica en proyectos
políticos de alcances intra o suprafronteras y a mediano o largo plazo;
cualquiera sea el origen o causa, el beneficio o proyecto, el resultado,
en términos de Estado, se materializa en un exclusivo hecho político:
Venezuela no ha estado ni está en capacidad para materializar su soberanía.
La Administración, de antes y de ahora, carece de voluntad y atributos
políticos, militares y policiales, de estructura para decidir y hacer la
guerra dentro o fuera de sus fronteras, por tanto, el carácter monolítico
del Estado –territorio, población y gobierno– y su palpable y
manifiesta voluntad política, debilitados como están, no está en
capacidad para generar, frente a enemigos reales o potenciales, la idea de
peligro o riesgo de su reacción ante una amenaza o ataque: el derivado
del concepto contenido en el vocablo disuasión[13].
[13] Conjunto de acciones
psicológicas, políticas, militares y morales, destinadas a un fin, y
capaces de transmitir una idea y obligar a un adversario real o
potencial a renunciar a toda expresión de agresión o ataque, ante el
peligro derivado de la reacción o contra-ataque.
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