¿Idiotas o... Criminales?
CRÓNICA DE UNA MASACRE ANUNCIADA
Rafael Rivero
Muñoz
Definitivamente, sólo una
expresa y precisa voluntad de gobierno unida al especial equipamiento
letal y a un desempeño criminal, otorgarían capacidad sobre el terreno
para permitir a una unidad militar o policial ser exitosa en una operación
destinada a la captura de un preciso objetivo localizado en medio de una
concentración de ciudadanos y en su núcleo más compactado; multitud que
si bien pudiere ser que no tendría individualizado al sujeto objeto de la
operación y no lo apoyaría en un inicial estadio, está lo
suficientemente movilizada y en ejercicio de la desobediencia civil
–donde más de un participante está dispuesto a asumir temerarios
riesgos– y definitivamente enfrentada a toda expresión represiva
individual o colectiva que adelante el gobierno. Muestras de ello están a
la orden del día: fracaso en la detención del oficial de la aviación
Soto; fracaso en la detención del general Rosendo; fracaso en múltiples
detenciones con o sin allanamientos que han tenido que ser abortados dada
la reacción y presión de los vecinos del afectado y de una cada vez más
decidida multitud de oponentes al gobierno.
Y un llamado grupo comando
de la DISIP, asumiendo el riesgo de una masacre, lo intentó la tarde del
sábado en el Distribuidor Las Mercedes y al interior de una masa de
manifestantes superior a las cien mil personas. Una criminalmente
temeraria operación que nada tiene de policial y que sólo se explica de
dos exclusivas formas: a) una misión comando al más depurado estilo
de Hollywood, muy propia de los idiotas que continuamente hacen gala de
sus pretensiones y que han ido ascendiendo y asciende a los cargos
directivos y de mandos intermedios de los cuerpos policiales; b) una misión
criminal, destinada a brindar nuevas y certeras muestras de las formas de
terrorismo que el gobierno está dispuesto a aplicar en su empeño
desesperado por mantenerse en el poder; misión cuya ejecución habría
sido puesta en manos de delincuentes, puesto que, policías no son.
Supuestos
En una u otra situación,
dos supuestos habrán de ser planteados. El primero que revelaría de la
alta política, manejada ésta por un operador al más alto nivel de
gobierno, un frío “agachado”, o “arrodillado” calculador que sabe
muy bien qué está buscando, cuándo y para qué; el segundo, todo lo
contrario, se materializa precisamente en la ausencia de gobierno, de una
política en la acción y en este caso, adelantada y producto de lo que se
conoce como: una sargentada. Son esos a los cuales en situaciones
anteriores, representantes de gobierno han calificado de
“incontrolables”.
a)
El gobierno busca de una vez por todas un objetivo único a ser derrotado
en cualquier terreno, incluido el electoral. Señalar, mostrar y entregar
en bandeja a una masa opositora sin horizonte definido, sin una dirigencia
respetada y creíble, sin proyecto, y sin una pertinente organización
para la toma del poder. Ofrece así, un mascaron de proa; un potencial líder
de pie, cabeza, cuerpo e ideas más bien ingenuas; experto en materia de
distinto tenor, en asuntos petroleros, de planificación, etc., pero que
carece del suficiente fogueo y la experiencia política; de garra quizás
en su campo pero no en el campo pertinente y carente de una probada
organización estructurada con fines políticos para la búsqueda, toma y
conservación del poder, y por tanto, en términos pragmáticos, un nuevo
o paracaidista en estas lides y que en su momento, podrá ser fácilmente
aplastado por el efecto tenaza. Esto es, tanto desde adentro de lo que se
organice como fuerza política a su alrededor, como desde fuera ella,
desde esa otra fuerza política operante en el terreno que si bien tiene
nombre y experiencia en los hechos, su desprestigio y derivada
anulación como fuerza para la convocatoria y cooptación de voluntades,
la impele a bloquear o sabotear todo desempeño político ajeno a sus
particulares intereses partidistas. Ese nuevo líder puesto a la disposición
y emergido de la propia masa en proceso de organización, según lo estima
el gobierno, en tales condiciones desde ya y en su momento, hace posible
derrotar su desempeño en cualquier terreno.
b) La
fuerza de choque en que se ha convertido y es hoy la mal llamada policía
política, que nada tiene de policía y menos aún de política, y que sólo
sería posible compararla y equipararla más bien con una de las tantas
bandas de Tontons Macoutes de Douvalier y que después acompañarían a
Jean Beltran Aristide en su empeño por consolidar y mantenerse en el
poder en Haití. La DISIP, severamente dividida en dos, una oficial y otra
paralela y dentro de esa macro-división otra entre fieles, anodinos y
sospechosos, entre delincuentes, “malandros“ e ignorantes, resulta ser
una estructura aplanada sin mandos superiores e intermedios; ciega y sorda
puesto que no está en capacidad para captar, organizar y digerir
información, mucho menos para interpretarla, para entender y hacer
entender campo y vías de acción profesional; sin visión política ni técnica,
ni a corto ni a mediano ni a largo plazo; sin objetivos precisos
definidos, pero eso si, plena de “sargentos” –independiente del
rango oficial que ostenten– que se expresan en individualidades
pertrechadas –comunicaciones, patrullas, armas, granadas, conchas y
contactos “políticos”–, impacientes, exasperados, ávidos todos y a
la búsqueda de la más mínima oportunidad para el lucimiento, para
llamar la atención del “Comandante en Jefe” y con ello ganar sus
favores –hasta se puede llegar a director–. Dentro de ese grupo,
algunos más hábiles, mejor conectados y pendientes especialmente de
aquel quien a la sombra –pacientemente puesto que está a la espera de
su momento, a un lado y por ello trata de mantenerse distante de la línea
abierta de combate–, juega con más habilidad y delicadeza sus piezas,
hasta el punto que –comentan sottovoce sus incondionales–, pareciera
tiene ya el poder real en sus manos: Diosdado Cabello.
En un caso u otro el tema
que nos ocupa, más que el aspecto político del asunto, se orienta a
observarlo desde la perspectiva técnica de la seguridad pública en una
sociedad y en cuanto a las posibilidades reales de ejecución de esta
tarea dentro de principios y pautas que rigen y deben regir todo desempeño
regulado de los órganos de ejecución material de las medidas y
operaciones de policía, sea una u otra la situación de la cual se trate.
Masacres ilustrativas
La acción militar o
militarizada contra una población concentrada y sin armas, es
definitivamente una decisión de gobierno, aún en presencia de dos
extremos supuestos: a) si es que existe gobierno y tiene el poder real; b)
en caso contrario, de la ausencia de gobierno y descontrol de éste sobre
los medios de fuerza del Estado. En ambos casos, es el gobernante de turno
sobre quien debe y deberá recaer y ser exigible en su totalidad la
responsabilidad. No existe argumento alguno de excusa: “... nadie puede
alegar su propia torpeza en su defensa...”. Tres ejemplos de la historia
de la humanidad en los últimos 84 años nos ilustran el asunto:
1.
El 13 de abril de 1919 en la plaza de la ciudad de Amritsar, distrito de
Punjab en la India, la reunión pública la habían planeado los
dirigentes en un lugar abierto rodeado de murallas y con pocas salidas; el
día anterior el general R.E.H. Dyer, comandante en jefe de las tropas
británicas de Amritsar había prohibido las reuniones y procesiones en la
ciudad. Ese día, tropas del contingente de ocupación inglesa del
territorio indio, cercan la concentración humana; Dyer se presentó allí
con sus tropas para hacer cumplir la prohibición y sin ninguna señal de
advertencia, ordenó disparar contra la multitud; durante diez minutos de
fuego cerrado fueron masacradas cuatrocientas personas y heridas más de
mil. Dyer fue destituido de su cargo pero el daño fue irreparable, ya
nunca habría reconciliación entre el imperial gobierno británico
y el subyugado pueblo indio. Principio del fin del imperio inglés.
2.
El silbar de las balas y el bullicio angustioso se escuchó la tarde del 2
de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas. Fue ese tronar de
descargas una de las cosas que más impresionan de Tlatelolco, Mexico. Los
disparos que se hacen desde la sede de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación –desde los edificios que rodeaban la plaza de Tlatelolco
empezaron a salir disparos de ráfagas de ametralladoras sobre soldados y
estudiantes–, que alcanzan al general Hernández Toledo, marcan el
inicio de la reacción militar; fuerza que había sido desplegada para
evacuar de estudiantes la plaza. Resultaría luego para los
investigadores, imposible que en este lugar se hubieran apostado
francotiradores sin la autorización de funcionarios del más alto nivel.
Soporte suficiente permitió afirmar que en 1968, desde las altas esferas
del gobierno, se auspició la operación de grupos clandestinos que
ejercieron la violencia y perpetraron actos de provocación contra el
movimiento estudiantil, mientras paralelamente, fuerzas militares,
ignorantes o no de ese detalle, fueron desplegadas para aplicar los medios
de fuerza extrema sobre el área de la plaza plena de una multitud.
3.
4 de junio de 1989, Masacre de Tiananmen. El hecho clave que finalmente
condujo a la masacre fue la publicación en el Diario del Pueblo –del
Partido Comunista– de un editorial el día 26 de abril de 1989 en el que
se calificaba a las manifestaciones estudiantiles de un complot bien
planificado. "... Esos muchachos no saben apreciar lo bueno que
tienen...", expresaría un alto funcionario en una reunión producida
en junio; justo antes de que el Ejército de Liberación Popular llegara
con tanques a la plaza de Tiananmen (Paz Celestial) para poner fin con
balas al movimiento de protesta, un criterio político se impuso e imperó:
"Si los estudiantes no abandonan Tiananmen por sus propios medios, el
ejército debe ir y sacarlos", esa fue la sentencia del gobierno y
soporte de la derivada decisión política. Comienzo del fin de la
Revolución Cultural en China; ascenso al poder de Den Xiaoping.
No en Venezuela
Como hemos visto, tres
ejemplarizantes masacres, originadas en precisas decisiones y expresa
voluntad política de gobierno, tuvieron concretos efectos políticos. Sin
embargo, pareciera que en Venezuela imperan otros criterios o al menos las
reacciones de la sociedad se separan diametralmente del patrón definido
por los ejemplos citados.
Son incontables las
matanzas de ciudadanos que en el pasado y en el presente y en nombre de
cualquiera sea el argumento, registra nuestra historia reciente; hasta
ahora, ninguna de ellas –y a pesar de haber sido condenado en Corte
Internacional el Estado a pagar por los daños ocasionados a familiares de
las víctimas en un caso–, ha derivado en una investigación y en una
condena para los autores, antes por el contrario, observamos que
exactamente los mismos actores del pasado –con nombre y apellido
completo– lo son en el presente; es decir, la sociedad ha guardado y
guarda silencio cómplice y tales masacres no han producido efecto político
alguno distinto al olvido. Baste referir sólo algunas masacres y recordar
que en ninguna de ellas, responsable alguno –salvo en estos momentos
“el caballero” Joao de Goveia, que aún está por verse si lo juzgan y
condenan; tres consecutivas veces bajo argumentos baladíes ha sido
suspendida la audiencia– está bajo custodia de autoridades, menos aún
han sido condenados. Para sólo citas los últimos 21 años de masacres:
Cantaura 041082; Pozos de la Muerte 1984–85; Abdobadú, Perijá 110687;
Los Totumitos 080788; El Vallado 061088; El Amparo 281088; El Caracazo
270289; Cutufí 261089; Golpe 040292; Golpe 270292; secuestro y
fusilamiento de supuestos delincuentes, asesinatos continuados desde 1999
al 2003; Masacre de Miraflores 110402; Masacre de
Altamira 011202; Masacre
de Parque Caiza 140203.
En cualquier momento
Lo observado en la operación
ejecutada por funcionarios de la DISIP el sábado ocho en el Distribuidor
de Las Mercedes, en la ocasión de una concentración de ciudadanos que
superaba las cien mil personas, no deja de ser un indicativo de los términos
de calidad y de cualidad de servicio de los supuestos profesionales de
policía que dirigen los servicios de policía que exhibe ese organismo.
Una patrulla que quedó cercada por la población exaltada, fue abandonada
por su tripulación y sólo el conductor, con la ayuda del gobernador
Mendoza, se arriesgó y sacó el ya deteriorado vehículo de manos de la
turba. Esto nos lleva a concluir que en cualquier momento o lugar, frente
y en contra de una manifestación desarmada de ciudadanos y al igual que
en Amritsar, Tlatelolco o Tiananmen, por decisión política del Ejecutivo
venezolano, las fuerzas militares, militarizadas, para–militares,
policiales o para–policiales, al igual que el 11A, serán desplegadas y
empleadas a fondo con todo su poder de fuego, tan sólo para satisfacer la
voluntad de un gobierno y de un gobernante a quien sólo le queda la
fuerza bruta, la violencia extrema, el terrorismo de Estado, para
mantenerse en el poder.
En cuanto al desempeño
actual y futuro del cuerpo de seguridad pública objeto de nuestra
observación, sus directivos e integrantes podrán ser definidos y señalados,
hoy y mañana, con cualquiera sea el vocablo castellano, pero jamás podrán
ser llamados y aceptados por la sociedad como policías, puesto que, no
pasan ni pasarán de ser, por sus actos y efectos sobre la sociedad, o
idiotas o criminales; y esta nota no es más que: La Crónica de una
Masacre Anunciada.
Caracas, 11 de
marzo de 2003
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