El 14 de febrero de 1929
Chicago USA, la Masacre de San Valentín colmó la ya bien agotada
paciencia de la opinión pública americana con relación a las bandas
de criminales que operaban impunemente, y el gobierno federal tuvo que
actuar. Ese día marcó el inicio de la batalla contra la Mafia y el
principio de la caída de una de las más poderosas bandas en Chicago,
la que capitaneaba Alfonso Capone.
Otra masacre, esta vez
en Caracas, el 16 de febrero de 2003, podría ser también lo que colme
la ya bien alterada paciencia de los venezolanos ante las
consuetudinarias masacres de todos los días y a todo lo largo y ancho
del país –más de cien muertos cada fin de semana y cerca de 50
muertos por cada 100.000 habitantes registran las estadísticas, y no
del gobierno–. En aquella época en Chicago, la Mafia traficante de
licor y vinculada a los funcionarios en el gobierno, actuaba con
impunidad, en esta de ahora, que no tiene nada de Mafia pero si de
industria de la ilegalidad, estamos ante algo bastante mejor elaborado
que esa Mafia de entonces; ahora opera al interior del propio gobierno y
acaba de dar, con esta masacre, muestras indiscutibles de hasta dónde
es capaz de llegar; esta vez no es el gobierno quien deberá actuar
puesto que hasta ahora se niega a hacerlo –menos en su contra–, es
la sociedad civil elevando su voz la que le toca en suerte, y para ello
necesita el canal de comunicación que la entere del peligro cierto,
pero que también actúe como el canal que transmita su reacción. No es
mañana es ahora o no será nunca.
Esta masacre de ahora,
al igual que la de San Valentín, pudiera indicar el arranque de una
campaña del mismo estilo de aquella que inició la sociedad americana.
Todo va a depender de cuánto estamos dispuestos los miembros de esa
sociedad civil a arriesgar ahora, ya, para que nosotros mismos o
cualquiera de nuestros hijos, nietos o allegados, no sea una de las próximas
víctimas. Gritar ahora, quizás nos ahorre el llanto de mañana.
Una nota de información
que se anexa bien podría ser útil para observar el asunto desde una
perspectiva algo más precisa y para no dejarnos llevar por el espanto,
la ira y la desesperación, recordando en preguntarnos cada día que
veamos un nuevo cadáver de una masacre: ¿a quién le toca mañana?
Este canal está abierto
para cualquiera sea la pregunta personal, sin publicidad que en
definitiva no conduce a nada, no es conveniente en algunos casos hacer
uso del teléfono, menos cuando uno de los interesados o afectados,
tiene el control de esas líneas; baste recordar cómo se montó y
ejecutó la operación para silenciar y meter en la gaveta del olvido el
caso Totessaut. Cada quien saque sus propias conclusiones.
Si le es útil la nota,
valió el esfuerzo si no, olvídenla, no ha pasado nada; seguiremos
viendo, escuchando y leyendo sus notas.