VENDIÓ
EL SOFÁ
Rafael
Rivero Muñoz
Caracas, 240704
La
sociedad venezolana se debate en estos últimos días previos al
RR entre lo cómico, lo ridículo, lo serio y lo trágico;
variantes todas de expresiones políticas para todos los gustos.
De
cada una de esas expresiones tiene la explicación e información
oficial emitida por los conspicuos representantes del gobierno
sobre el robo o desaparición de 2.450 kilos de explosivos plásticos,
70 granadas fragmentarias, 5.700 detonadores y 20 mil kilos de químicos.
Químicos que regularmente usan los traficantes para refinar droga
y los terroristas para aumentar las capacidades destructivas de
los mortíferos artefactos explosivos que diseñan, colocan y
detonan a su voluntad.
El
gobierno ha declarado y confesado oficialmente que ha perdido el
control sobre más de 23.000 kilos de componentes explosivos
militares; que aún cuando pueda exhibir ahora la recuperación de
una u otra pieza, de uno u otro kilo, permanece fuera de su
control suficiente capacidad de explosivos dispuestos para
ejecutar, a voluntad de quién sabe quién y en qué momento,
cualquiera sea el acto o los actos terroristas que se les antoje;
bien sea una serie continuada e individualizada de ataques sobre
precisos blancos seleccionados; sea un acto que pretenda imitar el
del World Trade Center, las Torres Gemelas en New York el 11
septiembre; bien sea una combinación de ambos.
Cómico
Un
viejo y desabrido chiste alemán refería la rápida reacción de
Franz ante lo que su amigo Fritz le contó haber visto: “... He
visto ya varias veces a tu mujer retozando desnuda en el sofá con
tu vecino del piso de arriba...”. En un arranque de ira ante la
ofensa, Franz tomó una importante y definitiva decisión: sacó
el sofá de su casa y lo vendió. Así, serruchó los “cachos”
que le adornaban la frente y lavó la humillación.
Evidentemente,
como no somos alemanes, asistimos a una variante de esta modélica
reacción de Franz. Ante la serie de robos continuados del cual ha
sido objeto el Centro de Distribución de Materiales de Guerra Nª
1 de la FAN ubicado en Puerto Cabello, Carabobo (CEDEIMAGUE), por
orden expresa del presidente y del ministro de Interior y
Justicia, el almacén fue vaciado y los químicos y explosivos que
quedaban –si es que quedaban– fueron trasladados al Fuerte
Tiuna.
Es decir, el Ejecutivo tomó una rápida decisión: vendió el sofá.
Como suele suceder con mayor frecuencia de la que pensamos, el
“cornudo”, a pesar de las visibles protuberancias que adornan
su frente, es el último que se entera de los cuernos.
¿Qué
fue eso que impuso tan cornuda, ejecutiva y expedita decisión
sobre el específico almacén de recursos militares para la
guerra?
1.
En noviembre de 2002, nadie sabe cómo, desaparecen del
almacén 70 granadas fragmentarias.
2.
En abril de este año, desaparecen 20 toneladas (20 mil
kilos) de permanganato de potasio.
3.
En julio de este año, se detecta el robo de:
a.
Un primer lote de 60 kilos de explosivo C4
b.
180 a 200 detonadores
c.
Un segundo lote de 20 kilos de C4
d.
Un tercer lote de 20 kilos de C4
4.
El 23 de julio decomisan en una finca en Cagua estado
Aragua, 94 cajas conteniendo 2.250 kilos de Cordón Detonante.
Según lo expresan los efectivos que realizaron la operación,
este material fue robado, no se sabe cuándo, de los mismos
almacenes del CEDEIMAGUE
5.
En la misma operación se decomisan 5.500 detonadores eléctricos.
Ridículo
Pretender
que dado el momento y circunstancias políticas en juego, la opinión
pública se corte con esa hojilla de cartón y pueda aceptar como
válida la explicación que de inmediato escuchamos en boca de
representantes del Ejecutivo que se resume a un solo criterio para
la manipulación y evasión de responsabilidades: La oposición se
está equipando para impedir o desconocer los resultados del RR.
Sin
entrar en muchos detalles sobre tal afirmación que nos desviaría
la atención que debemos prestar al hecho o cadena de hechos que
han conducido al gobierno a dar y evidenciar una de las más dramáticas
muestras de su absoluta incapacidad, hasta perder, sea por obra de
su incompetencia en un extremo, sea por obra de su voluntad en el
otro, el control oficial sobre un cargamento de explosivos de casi
23.000 kilos, caben preguntas directas:
¿En
tiempos de paz o de conflicto armado, una santabárbara, fortín o
depósito para explosivos, munición e implementos de guerra de
una fuerza militar, es o no una instalación sujeta a especiales
medidas de seguridad?
¿Por
tanto está o no sujeta a las condiciones previstas para una de
esas recientemente definidas Zonas de Seguridad?
¿Quién
es entonces el responsable directo de lo que en ese depósito
suceda o deje de suceder?
¿La
responsabilidad sobre esas instalaciones y su seguridad, como toda
responsabilidad administrativa, contempla dos extremos de una
misma ecuación: el hacer y el dejar de hacer; la acción y la
omisión por parte de oficiales generales, oficiales superiores,
oficiales de línea y de personal subalterno?
Negligencia,
incompetencia, complicidad, autoría material o autoría
intelectual son variantes de una misma causa que en este caso tuvo
un derivado efecto: la desaparición o el robo de materiales
sujetos a condiciones de seguridad y manejo muy especiales y
expresamente regulados tanto por normas internas como por tratados
internacionales:
¿Quién
designó el Jefe del Almacén?
¿Quién
y cuándo, como superior, supervisó en un lapso no menor de un año
las actividades, ingresos y egresos de materiales?
¿Cuándo
y quién realizó la última inspección y contabilizó
existencias y flujo de almacén?
¿Cuál
fue resultado documentado, de todas y cada una de esas
supervisiones?;
¿Cómo
es que en nueve meses de actividades en una instalación militar
de ese tipo no pudo detectarse a tiempo la secuencia de eventos,
operaciones o acciones que condujeron a la ejecución de las
complejas operaciones que requerían, además de acceso al almacén
e insumos, mano de obra para caletear bidones, cajas y receptáculos
de explosivos y detonantes; que además requirió del uso de
equipo de transporte para el acarreo y desplazamiento de un
material que en peso significan más de 23 mil kilos, y no
hablemos del volumen?
¿Cómo
y por qué, una vez conocido el extravío de un primer lote de
explosivos en noviembre del año pasado, hace nueve meses, no se
implementaron medidas extraordinarias de seguridad y control de
insumos y de tráfico –ingreso y egreso de personal, vehículos
y materiales– en las instalaciones del almacén?
¿No
es responsabilidad que asumen cuando se juramentan al cargo los
ministros, integrantes de Estado Mayor, comandantes de unidades
militares, comandantes de regiones militares, jefes de unidades
militares, la selección de las capacidades y habilidades del
personal destinado a la custodia de los bienes de la nación; más
cuando tales bienes se refieren a equipos e insumos bélicos,
entre los que se cuentan los materiales explosivos?
¿Ministros,
Estado Mayor y Comandantes de unidades administrativas, asumen y
toman disposiciones reglamentarias en contra de los ciudadanos
legalmente tenedores de armas individuales para su defensa ante
los delincuentes, pero no se ocupan en lo absoluto de hacer
vigilar, controlar y supervisar desempeños de sus subalternos en
la custodia de más de 23.000 kilos de explosivos de los cuales
son, a la cúspide de una pirámide de mando y conducción,
directamente responsables?
¿Hablamos
de incompetencia o al contrario, estamos en presencia de
complicidad absoluta?
No
es posible entender este desempeño oficial en una instalación
militar de ese tipo, si en este momento ya lleva preso el general
Alfonso Martínez más de un año por el supuesto delito de haber
dado un discurso en una supuesta zona de seguridad, y ante la
posibilidad de que su arenga haya podido ser escuchada al interior
de la instalación militar que se encontraba a no menos de cien
metros del lugar donde se dirigía a sus oyentes; asunto que está
por ser dilucidado por un experto o perito quién, una vez visto y
escuchado el video en la audiencia preliminar, la próxima semana
determinará si el torrente de voz del general pudo haber
perturbado, herido o lesionado la sensibilidad moral y material de
los oficiales y efectivos que estaban al interior de las
instalaciones militares.
Serio
Baste
para comprender la magnitud del hecho del cual somos testigos,
recurrir a las abiertas posibilidades que están en las manos y la
voluntad de quienes tienen ahora bajo su control esa enorme
cantidad de explosivos y de la derivada capacidad de demolición.
En
la más ligth de las
posibilidades, estaríamos en presencia de un negocio de
explosivos y químicos destinados a ser canjeados por dólares con
las mafias o los grupos alzados en armas en el vecino país.
Explosivos, detonantes y químicos tienen dos caminos o destinos,
logística para la ejecución de actos de terrorismo dentro o
fuera de nuestras fronteras; logística para la refinación de
cocaína. Quieran las circunstancias que estos fueran los
exclusivos objetivos perseguidos por quienes impunemente entran y
salen a su libre arbitrio de los almacenes de explosivos militares
en Venezuela; el grave problema de seguridad derivado de ello
afectará a otros en otros lugares; así lo estiman los autores de
estos robos
Pero
existen otras posibilidades mucho más graves puesto que se trata
de que, el terrorismo serio, el de verdad, el masificador mortífero
que no distingue entre inocentes y beligerantes y que produjo las
grandes expresiones de alegría, de celebración y de fiesta en la
jefe de las Madres de Mayo H. Bonafini, luego del colapso de las
torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 en New York, pareciera,
tiene previsto en su programa de acción, una dramática entrada
en la escena política y social venezolana.
Atenidos
exclusivamente a la enorme capacidad de demolición que el
gobierno con su fatuidad, incompetencia o complicidad puso en
manos de cualquiera sea la individualidad o colectivo del cual se
trate, hagamos un ejercicio especulativo y veamos tres de los
tantos específicos potenciales objetivos de esa dramática
entrada en la escena política por parte del terrorismo en
Venezuela.
Los
criterios pueden ser aplicados a voluntad a cualquiera sea otro el
complejo de edificaciones, instalaciones petroleras, complejos
industriales, habitacionales o de oficinas públicas o privadas o
áreas físicas donde se concentren o no regular o esporádicamente
grandes masas de seres humanos.
- Torres del Parque Central
- Para todos es conocido la ausencia
total de cualquiera sea lo que podamos concebir, definir o
ver como un programa de seguridad física de instalaciones.
i.
No existe control alguno para el acceso a cualquiera sea el
área de las instalaciones de ese complejo de edificios.
- Parque Central cuenta con no menos
de cuatro sótanos donde no existe en lo absoluto ningún
medio que permita conocer quién entra, quién sale, qué
entra y qué sale, cuándo y cómo.
i.
El último sótano, por el nivel freático, además de
permanecer abandonado sin que nadie supervise el área, cada vez
que llueve debe ser descargado de enorme cantidad de agua.
- La estructura de cada una de las
torres, por su altura y el nivel freático sobre el cual están
construidas –viene a ser casi única–, está asentada
sobre lo que se denomina en ingeniería una macrolosa
flotante de fundación, sobre la cual se soporta todo el
complejo de pórticos con columnas pretensadas con luces no
mayores a diez metros y con una carga sobre cada columna no
menor a las 5.000 toneladas a nivel de columnas centrales
del último sótano.
i.
Cada 10 u 11 pisos de la edificación, una macrolosa cumple
las labores previstas en el diseño arquitectónico y de
equilibrio de cargas.
- Significa en términos prácticos
que:
i.
Cualquier desequilibrio de cargas, producido por fuerzas
externas, (explosivas) que se ocasione sobre una cualquiera de
estas columnas conduce a un inevitable colapso de apoyo; la
desvinculación produciría corrimientos y desplazamientos
tratando de auto reordenarse las cargas la estructura, desde el
momento en que la luz prevista de diez metros entre cada columna
pasaría a ser de 20 metros, al suprimir una de ellas por efecto
de voladura o explosión.
ii.
Todo el modelo de vinculación afectado por el daño de una
columna desaparece creando un desequilibrio dinámico, que si bien
no pudiera afirmarse derrumbaría el edificio de inmediato, también
es cierto que aunque no sucediera ello en ese momento, el edificio
o torre afectada quedaría absolutamente inutilizada y deberá en
el inmediato ser demolida.
iii.
Luego de tal evento, por medidas de seguridad en la
preservación de vidas humanas, una superficie no menor de 500
metros de radio alrededor (360º), tomando como centro la
edificación afectada, deberá ser inmediatamente evacuada de toda
vida humana ante la manifiesta posibilidad de un colapso de
estructura.
iv.
Aún cuando la torre gemela pudiere no haber sido
directamente afectada por el daño de una columna en su vecina,
por razones obvias también quedaría afectada en similares
condiciones.
- Hipódromo La Rinconada
- La tribuna techada es una estructura
de concreto cuyo principal soporte lo constituyen los
elementos sometidos a tensiones de flexo-tracción que se
encuentran en su extremo exterior más bajo en la frontera límite
de la edificación.
- Al igual que en el caso anterior,
ningún programa o sistema de seguridad ha sido previsto o
funciona en el área y a los fines que comentamos.
- Uno solo de estos elementos que por
algún medio sea voluntariamente debilitada por voladura o
explosión producirá un desequilibrio de tensiones que al
desplazar cargas hacia las otras produciría el mismo juego
de dinámicas circunstancias comentados en el caso anterior,
y el desplome de todo el techo sobre el público asistente a
uno cualquiera de los eventos que allí se realizan.
- Plazas de toros, teatros, complejos de
edificaciones deportivas, de oficinas o habitacionales.
- En este caso el objetivo perseguido
por los terroristas es doble, no sería tanto el colapso de
una estructura sino de una parte y la búsqueda de víctimas
inocentes en masa dentro del público asistente a una
cualquiera actividad que se desarrolle en sus instalaciones.
El
objetivo del terrorismo es, como ha quedado demostrado en todos y
cada uno de los actos al cual podamos referir, es el hombre común,
inocente y desprevenido.
Trágico
¿Quién
usa este tipo de explosivos? Las fuerzas militares,
excepcionalmente la industria de la minería y regularmente las
individualidades o colectivos terroristas.
¿Para
qué se usa? Para la demolición de estructuras de concreto y
hierro.
Para actos de terrorismo mediante el uso de potentes explosivos.
Timothy Mc Veigh, terrorista en solitario, para volar la fachada
completa del edificio federal Alfred E. Murrah en Oklahoma el 19
de abril de 1995, donde murieron como resultado de la explosión
168 americanos –incluyendo a un número de niños pequeños que
asistían a un centro de cuidado diurno que estaba ubicado en el
mismo edificio–, utilizó un camión cargado con una mezcla de
gasoil con fertilizantes y una pequeña bomba que actuó como
desencadenador de la reacción. En Madrid en el atentado
ferroviario del 11 de marzo de este año, perpetrado por un grupo
terrorista de más de diez integrantes y con el uso de Goma 4
–explosivo de uso regular de la ETA–, con un saldo de 200
muertos y 1.467 heridos. Febrero de 2003 atentado contra un club
en Bogotá 37 muerto 200 heridos; julio de 1996 atentado explosivo
contra la sede de AMIA en Argentina.
¿Dónde?
No hay espacio para mencionar el sin número de actos terroristas
ejecutados mediante la detonación de explosivos; baste recordar
que en Venezuela ya han sido varias las acciones terroristas,
entre ellas ataques a la Embajada de Colombia, a la legación de
España; antes, lo que se dio por llamar el terrorismo financiero
de Ramiro Helmeyer y su combo. En el año 2003 “... 13 atentados
terroristas han sido comprobados y en la mayoría de los casos han
habido explosiones...”.
Debe recordarse también que en estos actos terroristas en
Venezuela, la conducta pusilánime de fiscales, de jueces y de
policías, y de todos aquellos quienes por sobre ellos
–representantes en todos los poderes públicos– tienen la
obligación de imponer la ley y hacer que se condenen a severas
pena a los responsables, anulan la acción del Estado, no existe
una verdadera investigación criminal de cada acto terrorista ni
ningún terrorista está pagando condena por sus actos.
¿Para
qué? Para producir miedo, terror que inhiba toda reacción
posible en una población sea ante los abusos de poder o sea en
función de llegar al poder o de mantenerse en el poder y dominar
sin trabas sobre esa población aterrada.
¿Quién
lo puede usar? Cualquiera, en cualquier momento, en cualquier área
física o lugar, en edificaciones, puentes, túneles, sótanos,
pozos petroleros, represas. Cualquier lugar que se nos pueda
ocurrir; no hay límites para la calidad de criminales dispuestos
a aplicar medios terroristas en cualquier instalación plena o vacía
de seres humanos y en función de sus fines políticos o crematísticos.
Si bien la planificación de un acto terrorista con explosivos
pudiere requerir el saber de ingenieros o expertos en
demoliciones, la colocación y disposición de cargas, no requiere
de experiencia o grandes dotes técnicas.
Las otras
variables...
Hasta
ahora hemos discernido el asunto contemplando en exclusivo el
problema político y de seguridad interno, mas cuando se trata de
terrorismo y más en las circunstancias que están en el juego de
esta pretendida revolución continental que ambiciona capitanear
el Tcnel. Hugo Rafael Chávez Frías como heredero en vida
designado por el propio Fidel Castro, el asunto trasciende
fronteras y las decisiones en ese orden no están exclusiva y
precisamente en manos del fracasado golpista; otros operadores
expresa y especialmente interesados, entran en el juego de
variables a ser contempladas.
La
tan mencionada revolución latinoamericana en su expresión guerra
contra el imperialismo, fase que según afirma públicamente el
propio Chávez es por la que transitamos en este momento, no es en
concepción, idea, planes y objetivos obra de Chávez, él es un
segundón, un instrumento en manos de otros. Chávez sigue un
programa que le ha sido impuesto; dentro de ese programa, su labor
ha sido hasta ahora la de dar ese imperioso segundo y subsiguiente
aire financiero al verdadero centro de decisiones en este complejo
asunto.
Determinantes
En
otros términos y tal como está planteado, para el verdadero líder
de los más de cuarenta años de la fracasada revolución
antiimperialista latinoamericana, la salida de la presidencia de
Chávez, la pérdida del poder de la revolución en Venezuela,
significará la absoluta y definitiva muerte de esa revolución
puesto que no le queda por delante mucho tiempo de vida para
volver a empezar de nuevo en un desempeño en ese orden. Por
tanto, lo que está en juego en Venezuela es: con o sin RR, por
todos los medios, evitar la caída y salida de Chávez del poder.
No existen nuevas oportunidades a la vista.
Guerrilla
colombiana, movimientos indigenistas, guerrilleros, mafias de la
droga, del tráfico de armas y sus asociados, los operadores
actuantes o “durmientes” vinculados a las redes terroristas de
ultramar –llámense éstas ETA, IRA o movimientos islámicos–
o alzados en armas o los dispuestos para la acción armada en sus
países; la izquierda radical que aún ignora que el bloque soviético
ya no existe y que el Muro de Belín cayó, que viven de la
explotación de la miseria humana, del pobre y de la pobreza y,
especialmente, chuleando a cuanto pretendido caudillo emerja en
cualquier lugar del continente; son éstos otros de los
interesados quienes dentro y fuera del territorio venezolano
juegan a los mismos objetivos de la pretendida Revolución
Antiimperialista y están dispuestos a cualquiera sea el medio a
emplear para mantener la situación de ingobernabilidad en el
territorio venezolano mientras a la vez lograr que el chorro de dólares
petroleros venezolanos que les alimenta, continúe abierto, y
dispensando las prebendas que con ellos obtienen en sus lugares de
asentamiento.
Otro
tanto deberemos considerar en cuanto al numeroso grupo de
individualidades y colectivos, entre ellos, los invitados al
Congreso Bolivariano de los Pueblos (Caracas 25 al 27 de noviembre
2003), quienes en nombre de la izquierda y de la revolución
continental logran también subsidios económicos importantes,
dispensados con holgura por Chávez, con lo que éste paga su
apoyo y, especialmente, su silencio ante la probada incapacidad de
la izquierda para gobernar, la corrupción, los abusos de poder y
los crímenes que a diario, esa revolución que defienden y de la
cual se alimentan sus arcas, comete en Venezuela.
Consecuencias en el
inmediato
Bueno
es recordar a todos y cada uno de los involucrados por acción u
omisión en el robo de estos 23.000 kilos de explosivos, que a
partir de este momento y para el futuro que les queda, será labor
consistente de todos y cada uno de los servicios de seguridad en
todos y cada uno de los países donde impera la ley, firmantes o
no de los Tratados Contra el Terrorismo, por norma, disposición y
medida ejecutiva de seguridad: la búsqueda, identificación,
ubicación y seguimiento de todos y cada uno de los integrantes de
la línea de mando responsable –por acción y omisión– de la
custodia de los explosivos y de que éstos en esa cantidad estén
en manos fuera del control del gobierno. Independiente del número
de soles, estrellas o barras en charreteras o caponas o que luzcan
en sus uniformes –incluidos los civiles que de una u otra forma
pudieren estar referidos en el caso–, todos pasarán a formar
parte de esa “selecta” lista de sospechosos colaboradores u
operadores del terrorismo; indeseables a quienes no se les otorgará
visas –y si la tienen, se les anulará– ni se les permitirá
de ahora en adelante la entrada por sus puntos de frontera. Se lo
merecen y se lo han ganado.