El 27 de febrero
de 2004, de nuevo el gobierno hizo uso del poder de fuego de las
unidades militares y para militares contra la población civil
desarmada y en busca del mismo resultado que quince años atrás
lograra tal desempeño militar. Queda perfectamente confirmado, lo
que en múltiples notas he asegurado: las fuerzas militares en
Venezuela, no han cumplido ni cumplen con el principal papel de
sus equivalentes en otros países y sociedades. En Venezuela la
fuerza militar, por decisión política y aceptación de sus
comandos superiores, aplica un giro de 180 grados en la punta de
sus bayonetas y la boca de sus fusiles; antes que apuntar hacia
fuera de las fronteras contra potenciales enemigos del Estado,
apunta hacia adentro, contra la propia población de la cual es
parte y a la que jura supuestamente defender.
El nuevo 27F.
Tres puntos:
a) La acción de
la Guardia Nacional;
b) El objetivo o
fin previsto;
c) El derivado de
la no concordancia entre la acción y el fin perseguido.
1. La táctica empleada por
la GN cuando en barrera cerrada presenta un frente ante los
manifestantes a objeto de impedirles a éstos que puedan llegar al
Teresa Carreño, es perfectamente válida y técnicamente
apropiada:
a. demostración de
una extraordinaria capacidad de fuerza –de generar violencia–
para disuadir al oponente.
2. Lograr que la manifestación
se disolviera en las primeras de cambio
3. Por razones que a
continuación se desarrollan, la táctica no logró el único
objetivo perseguido.
4. No se consideró otra
posibilidad en la reacción de los que marchaban, por tanto no se
estudió ni existía plan B
¿Dónde se derrumba estrepitosamente la
teoría y se embala la práctica de tal pretendido desempeño?
Por lo menos dos momentos han de considerarse:
a) aquel donde
se da inicio al ataque masivo por saturación con químicos
lanzados contra la retaguardia de la primera línea de
manifestantes;
b) la reacción
de los manifestantes.
Independiente de si el inicio del ataque
fue la resultante de un plan preestablecido o si por el contrario
fue una orden dictada en línea y en su momento –o bien pudiere
ser un accidente, alguien que se precipitó y disparó la primera
bomba–, el error y el desencadenado resultado viene a ser el
mismo: la pérdida de control por parte de los mandos y de allí
en adelante ya nada respondió a un supuesto plan y menos a órdenes
sujetas a fines tácticos precisos. Cada quien a su propio
criterio; por tanto, podríamos hablar de cualquier cosa, menos de
una unidad militar en acción.
¿Donde estuvo el error que desbarató táctica,
propósitos y fines?
En el hecho de que ese primer disparo de
una bomba y las subsiguientes fue realizado contra los marchantes
mucho antes de que éstos hubiesen brindado motivo alguno para
ello y quedara comprobada y registrada tal eventualidad. Allí se
derrumba ante propios y extraños la argumentación de sustento de
gobierno, de comandos superiores y de comandos en línea. Con ello
perdieron el efecto buscado y la iniciativa, y perdieron el favor
de la opinión pública nacional e internacional que estaba
pendiente y observando con cuidado.
De allí lo impactante de las imágenes.
–No existe
evidencia o argumento alguno que pueda sustentar que, para el
momento de iniciar la acción la GN, ésta estaba sujeta a amenaza
o a ataque alguno;
–que la
primera línea de los que marchaban o su retaguardia estaban
dotados de instrumentos o capacidades para producir daños.
–Si existen
evidencias gráficas suficientes:
–que la
distancia entre las fuerzas desplegadas y la primera línea de los
que marchaban, era superior a los cien metros, por tanto,
cualquier alegato de amenaza, de peligro inminente, de
materialización real o potencial de violencia contra la GN está
gráficamente desvirtuado.
Ilegitimada la acción, lo demás, es su derivado.
Tal es el error, que por su misma dinámica
produce un efecto no esperado –por lo visto no previsto tampoco
por los planificadores–. Esto habrá de considerarse a la luz de
lo que asumimos fueron criterios imperantes en los dos escaños de
decisión de más alto nivel: Miraflores y los comandos superiores
militares.
–Al igual que
el 11A cuando José Vicente Rangel hablando con Freddy Bernal le
ordena: “... que bajen los cerros que eso los c...”; esta vez
se aplicó en el mismo sentido: que la GN los ataque con fiereza,
que eso los hará desistir y espantados, abandonarán la marcha.
–Por su parte
los comandos superiores militares, a semejanza del 27F de 1989,
con la aplicación de la violencia en su máximo nivel en aquella
oportunidad, lograron por el terror un repliegue total de la
población. Tan severo fue el repliegue que todo lo que de allí
derivó, se materializó en la anomia de la sociedad frente al
hacer y dejar de hacer del Estado, que derivó a su vez en la
desconfianza cada vez mayor hacia la dirigencia política, los
partidos políticos y más grave aún, hacia las instituciones: Chávez
y su ascenso al poder por la vía electoral, es su más fiel y
dramática evidencia.
En esta oportunidad ambos esquemas fracasaron
estrepitosamente:
–La población
que marchaba no sólo resistió sino que en varias oportunidades
brindó muestras de su pretensión de llegar al Teresas Carreño.
–De allí en
adelante una sucesión de errores complican el escenario y hacen
perder más aún el control sobre las capacidades comprometidas.
–Vista la
resistencia de la población, entran a jugar en la escena otros
grupos de gobierno: Policía Militar, unidades del Ejército,
Disip y encapuchados armados.
–Y algo a lo
cual poco o ninguna atención se ha prestado:
¿Por qué el Oeste de Caracas permaneció
y ha permanecido tranquilo, por lo menos en apariencia?
Y la respuesta la tenemos a la vista. Nótese
que si bien algunos pocos grupos de encapuchados han intervenido
generando violencia al interior y frente a los que protestan, ésto
ha sido limitado; toda la carga de generación de violencia ha
quedado en manos de los uniformados de verde, GN y Policía
Militar, y de supuestos funcionarios de la DISIP, encapuchados y
armados con fusiles, y no puede ser de otra forma puesto que el
gobierno no puede ni tiene capacidad para movilizar las huestes
afectas acantonadas en el Oeste porque de hacerlo desaparecería
la amenaza y el control real a la cual están sujetos los
habitantes –de allí la más reciente operación terrorista
ejecutada en su propia área geográfica de asentamiento y por
encapuchados contra tres habitantes del sector, José Luis
Ricaurte Blanco (muerto), Hervert Eduardo Vela y Dictor Damas
(muerto)[i]; emboscados y secuestrados el
la noche del miércoles 3 de marzo en el bloque 52 del 23 de enero
“... para impedir que manifestaran en las calles contra el
gobierno...”[ii] y trasladados al bloque 56; luego a
El Calvario donde los desnudaron acostaron en el piso y dispararon
sus armas sobre la cabeza de cada uno de ellos– y podrían éstos
incorporarse en masa a la protesta mediante focos de desorden
generalizado en todo el Oeste, en cuyo caso y a partir de ese
momento, ya el gobierno no contaría con capacidad alguna para
contener un conflicto generalizado de ese tipo y evitar su
inapelable derivado:
a) el necesario
desplazamiento de capacidades y unidades militares sobre las
cuales no se tiene control absoluto, a riesgo de que se nieguen a
intervenir o que sobre el terreno, cambien de bando;
b) la salida de
Chávez del gobierno, otra vez por renuncia o por abandono del país,
reedición de abril del 2002.
En esta escalada del segundo 27F tratan de
persuadir a los manifestantes por la vía de la aplicación
indiscriminada de la violencia. En este caso, algunas
manifestaciones son puntuales como lo son las muertes, heridas y
ataques contra blancos precisos: percibidos líderes de la
protesta y, especialmente, periodistas.
Determinantes
Pero falta lo más importante en toda
capacidad bélica puesta a prueba sobre el campo de las
realidades:
1. Cuando una
fuerza militar es retada en el campo de batalla, la única y
exclusiva demostración de su capacidad se materializa en el
aplastamiento del enemigo, independiente de los costos, y su
expresión es: la victoria.
2. En un
enfrentamiento asimétrico, mientras la fuerza militar destacada
en el combate no aplaste al enemigo, no puede reclamar la
victoria.
3. En esta
modalidad de combate, de combate asimétrico, mientras el enemigo
de la fuerza militar comprometida sobre el terreno, exista y
persista en sus acciones, ésta, la fuerza militar, asume la
derrota como resultado.
3. Cuando el
terrorismo es retado, la única forma de imponerse y retornar a la
situación de terror previa al reto, es incrementar la dosis de
terrorismo; es decir, sembrar el campo del enemigo de víctimas
inocentes, es la alternativa.
Ni lo uno ni lo otro ha podido ni puede
materializar el gobierno, le faltan dos elementos: la voluntad en
la decisión política y un inapelable complemento: una capacidad
de fuego competente y bajo la ciega e incondicional obediencia
militar en los comandos superiores, medios y de línea.
De las tácticas y sus resultados estratégicos
Viene completar y a complicar el cuadro,
cuando aplicando la táctica foquista la población decide
enfrentar al gobierno. Son varios los puntos de la ciudad donde se
inicia una acción con el cierre de calles, quema de cauchos y demás
parafernalia: importantes segmentos de la población de varias
ciudades del país, salieron a las calles de su propia área de
habitación a expresar su descontento con los únicos medios de
los cuales disponían.
Tal es la gravedad del asunto para el
momento, y su potencial evolución hacia otros sectores dentro o
fuera de la ciudad, que el gobierno toma otras dos decisiones
claves en el caso de Caracas:
a) Impedir a
sangre y fuego que se cierre la autopista en el Distribuidor
Altamira;
b) Traer tropas
del interior –al igual que lo hiciera Heinz Aspúrua en 1.989
cuando el Caracazo–.
Lejos de retomar la iniciativa y capturar
el control de la situación, con estas dos decisiones el gobierno
pierde terreno en el campo bélico al atrincherar las fuerzas para
impedir el acceso a la autopista y crea lo que se conoce en la
jerga militar como “una situación de no victoria”[iii].
Por los errores conceptuales, estratégicos y tácticos de Chávez,
de J.V. Rangel, de García Carneiro y de los supuestos estrategas
militares de este gobierno al seleccionar un objetivo civil
–policial– para un desempeño militar –puesto que no sólo
intervinieron unidades de la GN sino también del Ejército– y a
pesar de los francotiradores, perdieron de nuevo sobre el terreno
y deberán luego ordenar el repliegue de las fuerzas incapaces de
lograr un objetivo militar preciso –no aplastaron al
oponente–, trasladando entonces la solución del conflicto a un
terreno donde ya el gobierno ha perdido posiciones y que tampoco
le es favorable: el político.
Pero dentro de condiciones bastante disminuidas.
Esa falta de decisión sobre el terreno de
la batalla, significa un punto de no retorno y tiene
indiscutiblemente efectos tanto en la capacidad política como en
la bélica donde ya han sido derrotados por su propia
incompetencia, entre otros:
a) Alienar a los afectos más
decididos; ya no están tan seguros en sus posiciones y menos aún
dispuestos a asumir la ejecución de decisiones del alto mando,
que, a pesar de las felicitaciones públicas, no van a ser
respaldadas y asumidas por esos mandos.
b) Definir a los medianamente
afectos a no embarcarse en apoyo de algo o de alguien que no está
dispuesto a coronar una victoria.
c) Precisar a los neutrales o
indecisos, que ahora tienen evidencia real de las indefiniciones,
nadie está dispuesto a anotarse en el campo de los perdedores.
d) Incrementar las
capacidades políticas de los oponentes, desde el momento en que
quedó demostrado sobre el terreno de los hechos, las
limitaciones; hasta dónde llega esa cacareada y supuesta
superioridad de generación de violencia en manos del gobierno;
tiene un tope que, éste, el gobierno, y por las razones que
fueren, no se atreve a violentar.
e) Erosionar voluntades en
los apoyos extra-fronteras; Chávez y su pandilla no están
dispuestos a asumir los derivados de una definitiva decisión
“revolucionaria”.
f) Impulsar la
voluntad de oponentes extra fronteras para presionar cada vez más
sobre una de las palancas de la tenaza que paulatinamente se
cierra sobre Chávez y su pandilla. De allí el visible descalabro
ante la opinión pública internacional.
Complejidades
Compleja circunstancia que ubica al
gobierno en una grave coyuntura desde el momento en que ya ha
quedado demostrado que no cuenta con la fuerza, con el poder de
fuego suficiente y competente para imponer su voluntad a sus
opositores.
Complica el panorama futuro la muerte de 15
ciudadanos, un millar o más de heridos, seis o más
desaparecidos, entre ellos menores de edad, y más de 400
detenidos; al menos, son esas las cifras que están sobre el
papel.
De todo este
resultado, un caso tiene trascendental consecuencia, al menos así
lo percibe el gobierno, se trata de la muerte del ex trabajador de
PDVSA José Manuel Vila, muerto por efectivos militares en los
Altos Mirandinos. En este caso se percibe angustia en los mandos
militares y de allí la pretensión de modificar la escena,
desaparecer evidencias y presentar el hecho como una muerte debida
a un impacto por la espalda de una metra. No importa cuanto hagan
por modificar los pormenores del asunto, cualquier investigación
imparcial y técnica ulterior, dejará en evidencia la
responsabilidad del gobierno y el hecho cierto que está en el
origen de la angustia, está la potencial apertura de una causa
penal en una jurisdicción que el gobierno no controla; de allí
tanto empeño en ese particular caso.
Sintetizando
Dos eventos sociales ocurridos con quince años
de separación en el tiempo, que tienen como origen la misma
irresponsable decisión política de alto nivel materializada en
el despliegue y uso de las capacidades militares, del poder de
fuego del Estado contra la población civil desarmada; el primero
en una supuesta democracia, el segundo en un supuesto proceso
revolucionario; ambos con su secuela de muertos, heridos,
incapacitados, detenidos y desaparecidos, evidentemente, como lo
sostiene la teoría del caos, no han tenido ni tienen la misma
resultante.
Si en el primero de ellos de 1989, el
gobierno sobre fusiles, pólvora y sangre, con daños mayores a
vidas, libertades y bienes, logró aterrorizar a la población
hasta el punto de lanzarla hacia una conducta colectiva de sumisión
y de anomia, y cuyo derivado en el tiempo se materializó en el
desprestigio de la política, de los partidos, de las
instituciones, del Estado y del liderazgo anquilosado; en este
segundo de ellos, 2004, las diferencias son radicales, al menos se
percibe así por la reacción a lo largo y ancho del territorio y
de la sociedad, antes que miedo, produjo y produce rabia; rabia
que se traduce en una voluntad de luchar en todos los terrenos, aún
contra las fuerzas militares y con los medios de los cuales en su
momento se disponga.
Al gobierno, por su incompetencia y falta
de decisión en un proceso que él mismo llevó a ese terreno y
punto de ebullición, le quedan sólo dos caminos:
a) Generaliza la
represión, no sólo y exclusivamente deteniendo manifestantes si
no, allanando, deteniendo y asesinando indiscriminadamente pueblo
y dirigentes –conocidos o en proceso de formación– a todo lo
ancho y largo del territorio.
b) Negocia una
salida política del conflicto que por su propia incapacidad creó
y llevó a este estado.
Para reprimir en estas condiciones, tiene
que contar con la voluntad de comandos superiores, medios y de línea
y capacidades de fuego dispuestas a asumir todas las consecuencias
políticas, jurídicas y técnicas de sus actos, dentro y fuera
del territorio y de por vida, vista la ya vigente normativa del
Protocolo de Roma y la ya instalada Corte Penal Internacional. ¿Cuántos
comandos superiores, medios y de línea están dispuestos a
arriesgar?; ¿a qué precio?; ¿por cuánto tiempo?; ¿bajo la
dirección de quién? Y, definitivamente: ¿En manos de quién está
ahora el poder?
Indiscutiblemente los hechos sociales en
una misma comunidad, no se repiten, por tanto no tienen a los
efectos políticos, sociales, militares y económicos los mismos
resultados. Quien comete el error de pensar lo contrario, de
ignorar la historia y se condena a repetirla, cae en la trampa. El
gobierno, está entrampado.
[i] Según informaciones no confirmadas,
antiguos integrantes del grupo conocido como Los Tupamaros
[ii] Javier Ignacio Mayorca, El
Nacional 050304 pág. B20: “... integrantes del grupo Tupamaros
–afín al gobierno de Hugo Chávez...”; Sandra Guerrero El
Nacional 090304, pág. B13
[iii] Vietnam y Afganistán son
sus mejores y más depurados ejemplos; ni USA ni la URSS perdieron
su particular guerra en cada campo de batalla donde su
superioridad tecnológica era insuperable; la perdieron detrás de
las líneas, dentro de sus propias fronteras, frente y por obra de
sus propios aliado