Está Entrampado

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Rafael Rivero Muñoz
Comisario General


Texto y contexto: 27F 1989 vs 27F 2004

Rafael Rivero Muñoz
Comisario General
Caracas, 090304

El 27 de febrero de 2004, de nuevo el gobierno hizo uso del poder de fuego de las unidades militares y para militares contra la población civil desarmada y en busca del mismo resultado que quince años atrás lograra tal desempeño militar. Queda perfectamente confirmado, lo que en múltiples notas he asegurado: las fuerzas militares en Venezuela, no han cumplido ni cumplen con el principal papel de sus equivalentes en otros países y sociedades. En Venezuela la fuerza militar, por decisión política y aceptación de sus comandos superiores, aplica un giro de 180 grados en la punta de sus bayonetas y la boca de sus fusiles; antes que apuntar hacia fuera de las fronteras contra potenciales enemigos del Estado, apunta hacia adentro, contra la propia población de la cual es parte y a la que jura supuestamente defender.

El nuevo 27F.

Tres puntos:

a) La acción de la Guardia Nacional;

b) El objetivo o fin previsto;

c) El derivado de la no concordancia entre la acción y el fin perseguido.

1.      La táctica empleada por la GN cuando en barrera cerrada presenta un frente ante los manifestantes a objeto de impedirles a éstos que puedan llegar al Teresa Carreño, es perfectamente válida y técnicamente apropiada:

a.       demostración de una extraordinaria capacidad de fuerza –de generar violencia– para disuadir al oponente.

2.      Lograr que la manifestación se disolviera en las primeras de cambio

3.      Por razones que a continuación se desarrollan, la táctica no logró el único objetivo perseguido.

4.      No se consideró otra posibilidad en la reacción de los que marchaban, por tanto no se estudió ni existía plan B

¿Dónde se derrumba estrepitosamente la teoría y se embala la práctica de tal pretendido desempeño?

Por lo menos dos momentos han de considerarse:

a) aquel donde se da inicio al ataque masivo por saturación con químicos lanzados contra la retaguardia de la primera línea de manifestantes;

b) la reacción de los manifestantes.

Independiente de si el inicio del ataque fue la resultante de un plan preestablecido o si por el contrario fue una orden dictada en línea y en su momento –o bien pudiere ser un accidente, alguien que se precipitó y disparó la primera bomba–, el error y el desencadenado resultado viene a ser el mismo: la pérdida de control por parte de los mandos y de allí en adelante ya nada respondió a un supuesto plan y menos a órdenes sujetas a fines tácticos precisos. Cada quien a su propio criterio; por tanto, podríamos hablar de cualquier cosa, menos de una unidad militar en acción.

¿Donde estuvo el error que desbarató táctica, propósitos y fines?

En el hecho de que ese primer disparo de una bomba y las subsiguientes fue realizado contra los marchantes mucho antes de que éstos hubiesen brindado motivo alguno para ello y quedara comprobada y registrada tal eventualidad. Allí se derrumba ante propios y extraños la argumentación de sustento de gobierno, de comandos superiores y de comandos en línea. Con ello perdieron el efecto buscado y la iniciativa, y perdieron el favor de la opinión pública nacional e internacional que estaba pendiente y observando con cuidado.

De allí lo impactante de las imágenes.

–No existe evidencia o argumento alguno que pueda sustentar que, para el momento de iniciar la acción la GN, ésta estaba sujeta a amenaza o a ataque alguno;

–que la primera línea de los que marchaban o su retaguardia estaban dotados de instrumentos o capacidades para producir daños.

–Si existen evidencias gráficas suficientes:

–que la distancia entre las fuerzas desplegadas y la primera línea de los que marchaban, era superior a los cien metros, por tanto, cualquier alegato de amenaza, de peligro inminente, de materialización real o potencial de violencia contra la GN está gráficamente desvirtuado.

Ilegitimada la acción, lo demás, es su derivado.

Tal es el error, que por su misma dinámica produce un efecto no esperado –por lo visto no previsto tampoco por los planificadores–. Esto habrá de considerarse a la luz de lo que asumimos fueron criterios imperantes en los dos escaños de decisión de más alto nivel: Miraflores y los comandos superiores militares.

–Al igual que el 11A cuando José Vicente Rangel hablando con Freddy Bernal le ordena: “... que bajen los cerros que eso los c...”; esta vez se aplicó en el mismo sentido: que la GN los ataque con fiereza, que eso los hará desistir y espantados, abandonarán la marcha.

–Por su parte los comandos superiores militares, a semejanza del 27F de 1989, con la aplicación de la violencia en su máximo nivel en aquella oportunidad, lograron por el terror un repliegue total de la población. Tan severo fue el repliegue que todo lo que de allí derivó, se materializó en la anomia de la sociedad frente al hacer y dejar de hacer del Estado, que derivó a su vez en la desconfianza cada vez mayor hacia la dirigencia política, los partidos políticos y más grave aún, hacia las instituciones: Chávez y su ascenso al poder por la vía electoral, es su más fiel y dramática evidencia.

En esta oportunidad ambos esquemas fracasaron estrepitosamente:

–La población que marchaba no sólo resistió sino que en varias oportunidades brindó muestras de su pretensión de llegar al Teresas Carreño.

–De allí en adelante una sucesión de errores complican el escenario y hacen perder más aún el control sobre las capacidades comprometidas.

–Vista la resistencia de la población, entran a jugar en la escena otros grupos de gobierno: Policía Militar, unidades del Ejército, Disip y encapuchados armados.

–Y algo a lo cual poco o ninguna atención se ha prestado:

¿Por qué el Oeste de Caracas permaneció y ha permanecido tranquilo, por lo menos en apariencia?

Y la respuesta la tenemos a la vista. Nótese que si bien algunos pocos grupos de encapuchados han intervenido generando violencia al interior y frente a los que protestan, ésto ha sido limitado; toda la carga de generación de violencia ha quedado en manos de los uniformados de verde, GN y Policía Militar, y de supuestos funcionarios de la DISIP, encapuchados y armados con fusiles, y no puede ser de otra forma puesto que el gobierno no puede ni tiene capacidad para movilizar las huestes afectas acantonadas en el Oeste porque de hacerlo desaparecería la amenaza y el control real a la cual están sujetos los habitantes –de allí la más reciente operación terrorista ejecutada en su propia área geográfica de asentamiento y por encapuchados contra tres habitantes del sector, José Luis Ricaurte Blanco (muerto), Hervert Eduardo Vela y Dictor Damas (muerto)[i]; emboscados y secuestrados el la noche del miércoles 3 de marzo en el bloque 52 del 23 de enero “... para impedir que manifestaran en las calles contra el gobierno...”[ii] y trasladados al bloque 56; luego a El Calvario donde los desnudaron acostaron en el piso y dispararon sus armas sobre la cabeza de cada uno de ellos– y podrían éstos incorporarse en masa a la protesta mediante focos de desorden generalizado en todo el Oeste, en cuyo caso y a partir de ese momento, ya el gobierno no contaría con capacidad alguna para contener un conflicto generalizado de ese tipo y evitar su inapelable derivado:

a) el necesario desplazamiento de capacidades y unidades militares sobre las cuales no se tiene control absoluto, a riesgo de que se nieguen a intervenir o que sobre el terreno, cambien de bando;

b) la salida de Chávez del gobierno, otra vez por renuncia o por abandono del país, reedición de abril del 2002.

En esta escalada del segundo 27F tratan de persuadir a los manifestantes por la vía de la aplicación indiscriminada de la violencia. En este caso, algunas manifestaciones son puntuales como lo son las muertes, heridas y ataques contra blancos precisos: percibidos líderes de la protesta y, especialmente, periodistas.

Determinantes

Pero falta lo más importante en toda capacidad bélica puesta a prueba sobre el campo de las realidades:

1. Cuando una fuerza militar es retada en el campo de batalla, la única y exclusiva demostración de su capacidad se materializa en el aplastamiento del enemigo, independiente de los costos, y su expresión es: la victoria.

2. En un enfrentamiento asimétrico, mientras la fuerza militar destacada en el combate no aplaste al enemigo, no puede reclamar la victoria.

3. En esta modalidad de combate, de combate asimétrico, mientras el enemigo de la fuerza militar comprometida sobre el terreno, exista y persista en sus acciones, ésta, la fuerza militar, asume la derrota como resultado.

3. Cuando el terrorismo es retado, la única forma de imponerse y retornar a la situación de terror previa al reto, es incrementar la dosis de terrorismo; es decir, sembrar el campo del enemigo de víctimas inocentes, es la alternativa.

Ni lo uno ni lo otro ha podido ni puede materializar el gobierno, le faltan dos elementos: la voluntad en la decisión política y un inapelable complemento: una capacidad de fuego competente y bajo la ciega e incondicional obediencia militar en los comandos superiores, medios y de línea.

De las tácticas y sus resultados estratégicos

Viene completar y a complicar el cuadro, cuando aplicando la táctica foquista la población decide enfrentar al gobierno. Son varios los puntos de la ciudad donde se inicia una acción con el cierre de calles, quema de cauchos y demás parafernalia: importantes segmentos de la población de varias ciudades del país, salieron a las calles de su propia área de habitación a expresar su descontento con los únicos medios de los cuales disponían.

Tal es la gravedad del asunto para el momento, y su potencial evolución hacia otros sectores dentro o fuera de la ciudad, que el gobierno toma otras dos decisiones claves en el caso de Caracas:

a) Impedir a sangre y fuego que se cierre la autopista en el Distribuidor Altamira;

b) Traer tropas del interior –al igual que lo hiciera Heinz Aspúrua en 1.989 cuando el Caracazo–.

Lejos de retomar la iniciativa y capturar el control de la situación, con estas dos decisiones el gobierno pierde terreno en el campo bélico al atrincherar las fuerzas para impedir el acceso a la autopista y crea lo que se conoce en la jerga militar como “una situación de no victoria”[iii]. Por los errores conceptuales, estratégicos y tácticos de Chávez, de J.V. Rangel, de García Carneiro y de los supuestos estrategas militares de este gobierno al seleccionar un objetivo civil –policial– para un desempeño militar –puesto que no sólo intervinieron unidades de la GN sino también del Ejército– y a pesar de los francotiradores, perdieron de nuevo sobre el terreno y deberán luego ordenar el repliegue de las fuerzas incapaces de lograr un objetivo militar preciso –no aplastaron al oponente–, trasladando entonces la solución del conflicto a un terreno donde ya el gobierno ha perdido posiciones y que tampoco le es favorable: el político.

Pero dentro de condiciones bastante disminuidas.

Esa falta de decisión sobre el terreno de la batalla, significa un punto de no retorno y tiene indiscutiblemente efectos tanto en la capacidad política como en la bélica donde ya han sido derrotados por su propia incompetencia, entre otros:

a)      Alienar a los afectos más decididos; ya no están tan seguros en sus posiciones y menos aún dispuestos a asumir la ejecución de decisiones del alto mando, que, a pesar de las felicitaciones públicas, no van a ser respaldadas y asumidas por esos mandos.

b)      Definir a los medianamente afectos a no embarcarse en apoyo de algo o de alguien que no está dispuesto a coronar una victoria.

c)      Precisar a los neutrales o indecisos, que ahora tienen evidencia real de las indefiniciones, nadie está dispuesto a anotarse en el campo de los perdedores.

d)      Incrementar las capacidades políticas de los oponentes, desde el momento en que quedó demostrado sobre el terreno de los hechos, las limitaciones; hasta dónde llega esa cacareada y supuesta superioridad de generación de violencia en manos del gobierno; tiene un tope que, éste, el gobierno, y por las razones que fueren, no se atreve a violentar.

e)      Erosionar voluntades en los apoyos extra-fronteras; Chávez y su pandilla no están dispuestos a asumir los derivados de una definitiva decisión “revolucionaria”.

f)        Impulsar la voluntad de oponentes extra fronteras para presionar cada vez más sobre una de las palancas de la tenaza que paulatinamente se cierra sobre Chávez y su pandilla. De allí el visible descalabro ante la opinión pública internacional.

Complejidades

Compleja circunstancia que ubica al gobierno en una grave coyuntura desde el momento en que ya ha quedado demostrado que no cuenta con la fuerza, con el poder de fuego suficiente y competente para imponer su voluntad a sus opositores.

Complica el panorama futuro la muerte de 15 ciudadanos, un millar o más de heridos, seis o más desaparecidos, entre ellos menores de edad, y más de 400 detenidos; al menos, son esas las cifras que están sobre el papel.

De todo este resultado, un caso tiene trascendental consecuencia, al menos así lo percibe el gobierno, se trata de la muerte del ex trabajador de PDVSA José Manuel Vila, muerto por efectivos militares en los Altos Mirandinos. En este caso se percibe angustia en los mandos militares y de allí la pretensión de modificar la escena, desaparecer evidencias y presentar el hecho como una muerte debida a un impacto por la espalda de una metra. No importa cuanto hagan por modificar los pormenores del asunto, cualquier investigación imparcial y técnica ulterior, dejará en evidencia la responsabilidad del gobierno y el hecho cierto que está en el origen de la angustia, está la potencial apertura de una causa penal en una jurisdicción que el gobierno no controla; de allí tanto empeño en ese particular caso.

Sintetizando

Dos eventos sociales ocurridos con quince años de separación en el tiempo, que tienen como origen la misma irresponsable decisión política de alto nivel materializada en el despliegue y uso de las capacidades militares, del poder de fuego del Estado contra la población civil desarmada; el primero en una supuesta democracia, el segundo en un supuesto proceso revolucionario; ambos con su secuela de muertos, heridos, incapacitados, detenidos y desaparecidos, evidentemente, como lo sostiene la teoría del caos, no han tenido ni tienen la misma resultante.

Si en el primero de ellos de 1989, el gobierno sobre fusiles, pólvora y sangre, con daños mayores a vidas, libertades y bienes, logró aterrorizar a la población hasta el punto de lanzarla hacia una conducta colectiva de sumisión y de anomia, y cuyo derivado en el tiempo se materializó en el desprestigio de la política, de los partidos, de las instituciones, del Estado y del liderazgo anquilosado; en este segundo de ellos, 2004, las diferencias son radicales, al menos se percibe así por la reacción a lo largo y ancho del territorio y de la sociedad, antes que miedo, produjo y produce rabia; rabia que se traduce en una voluntad de luchar en todos los terrenos, aún contra las fuerzas militares y con los medios de los cuales en su momento se disponga.

Al gobierno, por su incompetencia y falta de decisión en un proceso que él mismo llevó a ese terreno y punto de ebullición, le quedan sólo dos caminos:

a) Generaliza la represión, no sólo y exclusivamente deteniendo manifestantes si no, allanando, deteniendo y asesinando indiscriminadamente pueblo y dirigentes –conocidos o en proceso de formación– a todo lo ancho y largo del territorio.

b) Negocia una salida política del conflicto que por su propia incapacidad creó y llevó a este estado.

Para reprimir en estas condiciones, tiene que contar con la voluntad de comandos superiores, medios y de línea y capacidades de fuego dispuestas a asumir todas las consecuencias políticas, jurídicas y técnicas de sus actos, dentro y fuera del territorio y de por vida, vista la ya vigente normativa del Protocolo de Roma y la ya instalada Corte Penal Internacional. ¿Cuántos comandos superiores, medios y de línea están dispuestos a arriesgar?; ¿a qué precio?; ¿por cuánto tiempo?; ¿bajo la dirección de quién? Y, definitivamente: ¿En manos de quién está ahora el poder?

Indiscutiblemente los hechos sociales en una misma comunidad, no se repiten, por tanto no tienen a los efectos políticos, sociales, militares y económicos los mismos resultados. Quien comete el error de pensar lo contrario, de ignorar la historia y se condena a repetirla, cae en la trampa. El gobierno, está entrampado.


[i] Según informaciones no confirmadas, antiguos integrantes del grupo conocido como Los Tupamaros

[ii] Javier Ignacio Mayorca, El Nacional 050304 pág. B20: “... integrantes del grupo Tupamaros –afín al gobierno de Hugo Chávez...”; Sandra Guerrero El Nacional 090304, pág. B13

[iii] Vietnam y Afganistán son sus mejores y más depurados ejemplos; ni USA ni la URSS perdieron su particular guerra en cada campo de batalla donde su superioridad tecnológica era insuperable; la perdieron detrás de las líneas, dentro de sus propias fronteras, frente y por obra de sus propios aliado

 

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