En consecuencia

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Rafael Rivero Muñoz
Comisario General


Términos de la situación de seguridad en Venezuela

Rafael Rivero Muñoz
Comisario General
Caracas 030603

En consecuencia

Dentro de cualquiera sea el supuesto que seleccionemos, más experimentados en el campo de batalla subversivo y con el tiempo a su favor, los grupos armados colombianos beneficiarios de estos acuerdos políticos, los otros grupos e intereses que con el correr del tiempo y en forma inevitable se vayan incorporando en las áreas geográficas afectadas, y los grupos de civiles en armas apoyados y financiados por el régimen, todos juegan ahora, y jugarán después, con los derivados de un factor de oportunidad:

1.        Mientras las capacidades políticas y bélicas del Estado venezolano con cada día que pasa se debilitan en lo moral y en lo material –merma en la voluntad, capacidad y experiencia de combate, ruptura de la cadena de mando y conducción, carencia de redes de información sobre las condiciones del terreno y la población, carencias en las redes logísticas de suministro y apoyo, deficiencias en los sistemas y redes de comunicación, incompetencia táctica decisional sobre el terreno–, los grupos colombianos de alzados en armas consolidan cada día más sus posiciones políticas, económicas y territoriales, tanto en su teatro bélico de acción natural, Colombia, como bien al interior del territorio venezolano; hasta el punto de que ya, bajo su égida, con o sin apoyo y conocimiento del gobierno central o regional venezolano, organizan, entrenan, pertrechan y tutelan a grupos autóctonos de alzados en armas en territorio venezolano.

2.        Por su parte y en el caso de los grupos de civiles armados que apoyan al gobierno, mientras los fondos que el régimen destina a estos efectos, mantenga en igualdad de condiciones para todos los grupos el flujo constante de recursos logísticos y financieros hacia los representantes o cabezas de grupo y que éstos a su vez hagan beneficiarios a los operadores sobre el terreno, un cierto liderazgo grupal y una cierta unidad de criterio y de acción será posible mantener. Mas esto no es posible mantener estable en el tiempo dada la calidad del siempre contestado y contestable liderazgo grupal, puesto que la cohesión de los grupos no está sustentada y determinada en el tiempo por diáfanos planes y criterios políticos en igualdad de condiciones para todos los participantes, sino que se edifica sobre lo inmediato y a corto plazo, el valor del esperado beneficio personal y la oportunidad para lograrlo. No puede obviarse en esta apreciación, la calidad del componente humano, integrado en su gran mayoría por individualidades fracasadas tanto en el terreno político –los derrotados de la izquierda con sus viejas relaciones con los movimientos subversivos latinoamericanos, FARC, Túpac Amaru, Sendero Luminoso, a los cuales se unen una cantidad ingente de criminales, ex–presidiarios y delincuentes comunes–, como en lo personal; mentalidad de marginal poco o nada sujeta a valores sociales y visión de futuro, a la formación y el aprendizaje de una tarea –independiente de cual se trate–, a la disciplina y a la constancia del esfuerzo en una determinada vía de acción, por eso se marginan de la sociedad, y su único valor constante está en la capacidad y el valor personal –de lo cual deben dar cuenta a diario a sus pares– para alcanzar esperados beneficios de disfrute inmediato, y en función de ello, no tienen otra vía que la de imponer por la violencia su voluntad sobre otros.

3.        Las estructuras de mando y conducción de estos grupos, lejos está de ser piramidal y respondiendo a una unidad de criterio, antes por el contrario, las relaciones entre las individualidades de cada grupo son eminentemente planas, de vinculación directa y personal entre quien dirige y quien ejecuta una u otra acción, y esto, tan sólo mientras el ejecutor no logre allanar el camino hacia una instancia superior que incremente el monto en sus expectativas de beneficio, en cuyo caso, desaparece la relación de subordinación para dar cabida a la de confrontación al interior del grupo. En paralelo con esta apreciación, los órganos policiales independiente del ámbito de sus responsabilidades, nacional, regional o local –algunos de cuyos integrantes están vinculados y operan al interior de los grupos citados tanto en operaciones “políticas” como en acciones delictivas–; aparte de haber sido neutralizados en sus capacidades morales, materiales, operacionales y financieras por decisiones políticas del gobierno central, carecen en lo absoluto de una capacidad operacional pertinente, tanto para captar, organizar, sustanciar y utilizar información sobre los grupos y las individualidades que los integran; como para representar sobre el terreno de los hechos, peligro alguno para la acción de individualidades y grupos; consecuencialmente, la policía está cada vez más incapacitada para enfrentar, neutralizar y someter a control a esta modalidad de delincuencia, de actores para–estatales.

4.        En el caso de los grupos armados operando en territorio colombiano, dependiendo o no de las capacidades militares desplegadas por el gobierno de ese país y de los resultados de las acciones de combate en ejecución por parte las unidades combinadas del Plan Colombia, el territorio de asentamiento de las capacidades bélicas de los grupos alzados en armas y la de sus medios de soporte y de líneas de suministros, se irán sostenida, paulatina y definitivamente transfiriendo del territorio colombiano hacia áreas geográficas cada vez más extensas en Venezuela. En el otro caso, el de los grupos armados de apoyo al régimen, por la dinámica propia comentada, puede asegurarse que si bien hoy no existe garantía alguna para cualquiera sea el representante del régimen, de tener y mantener control tanto sobre sus cada vez más importantes –en nada supervisadas y controladas– capacidades bélicas, como del momento, género y calidad de operaciones que realizan; también es cierto que para un mañana esa relación, inevitablemente, será de confrontación.

5.        En un futuro cercano, para el momento en que, supuestamente, el poder político del régimen venezolano sea absoluto y se consolide, ya las capacidades para la negociación de las cuales podrá hacer gala el gobierno venezolano –derivada tanto del desgaste político por la pérdida de legitimidad y apoyo interno, como de la manifiesta debilidad militar, moral, equipos y disposición al combate, y control real territorial de las áreas fronterizas–, estarán suficientemente mermadas como para, en lo político interno y geopolítico regional, representar por sí sólo un interlocutor válido amparado y soportado en un poder fáctico y en lo práctico sobre el terreno, en el caso de los grupos colombianos, salvo que el gobierno venezolano dando un golpe de timón de 180 grados negocie –en condiciones disminuidas– un acuerdo político militar con representantes del Plan Colombia, no representará ninguna limitante o peligro militar. En el caso de los grupos civiles armados, declarados en su momento independientes y autónomos, tampoco podrá el régimen ser considerado un poder político y militar real. La simple dinámica de los hechos y del correr del tiempo, como se deduce, actúan definitivamente en contra del régimen y de todos y cada uno de quienes, en lo particular, pretendidamente lo liderizan.

 

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